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jueves, 16 de abril de 2015

La ventana alta de Raymond Chandler

La ventana alta
Raymond Chandler
Alianza Editorial, 2002

Tenía ganas de volver a pasar un rato con Marlowe, así que busqué el siguiente libro que me tocaba de esta serie, La ventana alta. Realmente son libros que pueden leerse de forma independiente, pero reconozco ser maniática para estas cosas y me gusta seguir el orden.

En esta ocasión, Marlowe es contratado por la señora Murdock para encontrar una valiosa moneda que le ha sido robada. Ya en su primera conversación con ella, Marlowe sabe que hay algo más que la moneda. Y está dispuesto a averiguarlo, aunque no haya sido contratado para ello. Él es así. Y de nuevo nos muestra un mundo lleno de violencia, de crímenes, de sobornos, de engaños... Un mundo en el que nadie es lo que aparenta, en el que no puedes fiarte de nadie...

Mi reencuentro con Marlowe ha vuelto a ser muy bueno. Quizás no es la mejor novela que he leído hasta ahora, pero este personaje es por sí solo razón suficiente para leer esta novela. Su cinismo, su ironía, su desencanto ante esa sociedad en la que le ha tocado vivir... Una sociedad que se rige única y exclusivamente por el dinero, por el que son capaces de hacer de todo: robar, chantajear, asesinar...  Una sociedad que, de nuevo, logra Chandler plasmar fielmente, no sólo con las precisas descripciones que realiza, sino también con las rotundas frases que pone en boca de su detective. De nuevo nos encontramos con brillantes diálogos, en los que Marlowe desprende su particular "encanto".  Novela negra al cien por cien, absolutamente recomendable si os gusta el género.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Adiós, muñeca de Raymond Chandler

Raymond Chandler
Adiós, muñeca
Traducción: José Luis López Muñoz et al.
Alianza Editorial, 2001 (1940)


Considerada por algunos críticos como la mejor novela de Raymond Chandler, la indagación en la corrupción que supone Adiós muñeca supuso un paso más para el autor en su personal interpretación de las convenciones del género negro. Si en 'El sueño eterno' era un caso de chantaje el que sería de urdimbre para la acción de Philip Marlowe, en 'Adiós, muñeca' será la búsqueda que emprende, tras salir de la cárcel, de su 'pequeña Velma' el singular gigante Moose Mally, la que desencadene un siniestro recorrido que desenmascara los resortes del poder en una ciudad en la que 'las leyes se hacen para los que pagan'.
Si disfruté mucho con El sueño eterno, más he disfrutado aún con Adiós, muñeca, que me ha parecido una historia más sencilla y fácil de seguir que la primera. Si en El sueño eterno a veces tenía que volver atrás para seguir bien el hilo de la historia, no me ha pasado con este segundo libro. Tampoco hubiera podido porque estaba tan enganchada a la historia y tenía tantas ganas de ver cómo terminaba todo, que sólo quería avanzar páginas. 

Y si en la primera novela, el personaje de Marlowe me había parecido absolutamente perfecto, aquí no solo es perfecto, es magistral. Su carácter cínico, irónico, mordaz aún se acentúa más en este segundo libro, con frases aún más precisas e ingeniosas. Siempre tiene una respuesta aguda, certera, cortante... Parece que su ingenio va creciendo según los vasos de whisky que se vaya tomando... 

- Me temo que no me gustan sus modales.
- No es la primera vez que alguien se queja. Pero soy incapaz de corregirme.

Mucho ritmo le imprime a la trama en esta ocasión el autor. Ritmo que hace que te cueste soltar el libro y te metas de lleno en ese ambiente sórdido y corrupto que tan bien describe. No falta nada en esta novela negra: droga, alcohol, violencia, chantajes, corrupción, engaños...  "Bonito" y "amable" mundo el que nos ofrece Chandler.  En muchas ocasiones me ha parecido que la historia es solo un pretexto por parte de Chandler para denunciar y criticar a diestro y siniestro la alta delincuencia y la gran corrupción, que llegaba a todos los ámbitos, en aquellos años (tampoco hemos cambiado mucho...).
 Nadie puede seguir siendo honrado aunque quiera. Ese es el problema con este país. Te quedas con el culo al aire si lo intentas.
Así que de nuevo he disfrutado mucho con Chandler y su gran personaje, Marlowe. No tardaré en buscar la tercera novela que tiene a este personaje como protagonista, La ventana siniestra.

viernes, 24 de enero de 2014

El sueño eterno de Raymond Chandler

 El sueño eterno
Raymond Chandler
Traductor: José Luis López Muñoz
Editorial: Alianza
Año: 2001 (1939)

Publicada en 1939, EL SUEÑO ETERNO supuso la fulgurante irrupción de Raymond Chandler (1888-1959) en el ámbito de la novela negra. Tomando como modelo en muchos aspectos a Dashiell Hammett, principalmente en la concepción de esta clase de relatos como reflejo y crítica de una sociedad más que como propuesta de acertijo o enigma a resolver, Chandler inició con su apuesta por su detective Philip Marlowe, con su inconfundible sentido del humor, una de las vetas más ricas del género. En «El sueño eterno» -novela repleta de nervio y de ingeniosos diálogos- es un caso de chantaje el que lleva a Marlowe a asomarse a las alcantarillas de una sociedad en apariencia espléndida.
¿Por qué he tardado tanto en animarme a leer este libro? Esa es la pregunta que me ronda por la cabeza cuando termino su última página. También me detengo a pensar que tengo que hacerle hueco al resto de libros protagonizados por Marlowe.

Con una trama bien elaborada pero compleja, que necesita de todos nuestros sentidos cuando estamos leyendo, Chandler aprovecha para realizar una ácida crítica a la sociedad en la que le ha tocado vivir. Una sociedad en la que parece que la corrupción, la estafa, el engaño se han convertido en las notas dominantes.
- ... Quizá lo más curioso en este condenado negocio de la policía es comprobar cómo una anciana puede asomarse a una ventana, ver un individuo corriendo y reconocerlo en una rueda de identificación seis meses después, y cómo nosotros, en cambio, aunque mostremos a cualquier empleado de hostelería una fotografía nítida nunca llega a estar seguro.
- Es uno de los requisitos para ser un buen empleado de hostelería -dije yo.
Una novela donde la acción no para en ningún momento, donde no hay descansos para el lector, a pesar de las abundantes y exhaustivas descripciones, que nos ayudan a meternos por completo en el ambiente en el que se desarrolla la historia. Ayuda también a su lectura los continuos y brillantes diálogos, que no tienen desperdicio alguno. No podemos perdernos ningún detalle en ellos, por el doble sentido que se le da a muchas cosas y porque en muchos de ellos están las claves para la resolución del caso. 

Pero lo mejor de este libro es, sin lugar a dudas, su personaje principal, Marlowe. Por él solo esta novela merece ser leída. Su cinismo, su escepticismo está presente en todos los diálogos de la novela. Un tipo duro al que parece no importarle nada ni nadie, salvo él mismo. Pero bajo esa capa de dureza, bajo ese cinismo, se esconde un absoluto defensor de la justicia. Un hombre que no descansará hasta conocer la verdad, hasta llegar a los verdaderos culpables, hasta llegar al fondo del caso. 
- Hábleme de usted, señor Marlowe. Supongo que tengo derecho a preguntar.
- Por supuesto, pero no hay mucho que contar. Tengo treinta y tres años, fui a la universidad una temporada y todavía sé hablar inglés si alguien me lo pide, cosa que no sucede con mucha frecuencia en mi oficio. Trabajé en una ocasión como investigador para el señor Wilde, el fiscal del distrito. (..) Sigo soltero porque no me gustan las mujeres de los policías.
- Y cultiva una veta de cinismo ¿No le gustó trabajar para Wilde?
- Me despidieron. Por insubordinación. Consigo notas muy altas en materia de insubordinación, mi general.
Un personaje al que nos gusta conocer. Y que nos deja con ganas de seguir conociéndole leyendo el resto de sus libros.

Porque aquella era la habitación donde yo vivía. No tenía otra cosa que pudiera llamarse hogar. Allí estaba todo lo que era mío, todo lo que tenía alguna relación conmigo, todo lo que podía recibir el nombre de pasado, todo lo que podía hacer las veces de familia. No era mucho; unos cuantos libros, fotografías, radio, piezas de ajedrez, cartas viejas, cosas así. Nada. Pero tales como eran contenían todos mis recuerdos.
Un clásico de este género que todo amante de la novela negra tiene que leer, sí o sí.

¿Qué más te daba dónde hubieras ido a dar con tus huesos una vez muerto? ¿Qué mas te daba si era un sucio sumidero o en un atorre de mármol o en la cima de una montaña? Estabas muerto, dormías el sueño eterno y esas cosas no te molestaban ya. Petróleo y agua te daban lo mismo que viento y aire. Dormías sencillamente el sueño eterno sin que te importara la manera cruel que tuviste de morir ni el que cayeras entre desechos.