Publicada por vez primera en 1897, son numerosas las ediciones que de este libro hay. Y precisamente en esta ocasión que he releído el libro, no lo hecho con mi ejemplar. He preferido sacar de la biblioteca esta edición publicada por Cátedra, que tiene un estudio preliminar realizado por Juan Antonio Molina, que no tiene desperdicio alguno. Mucha información nos proporciona de esta gran novela que nos permite situarla mejor en su contexto histórico y que nos descubre infinidad de datos de este gran vampiro literario.
Sobre la historia de esta novela, poco voy a decir, que creo que todo el mundo la conoce. Comienza presentándonos a Jonathan Harker, en el momento en que está viajando al propio castillo de Drácula en Transilvania, ignorante de todas las leyendas e historias que circulan del mítico conde. Acude al castillo para completar la compra de un caserón en Londres por parte del propio conde. Y sólo en este viaje ya Stoker nos ofrece todo un repertorio de los elementos que deben aparecer en toda buena novela gótica que se precie. Elementos que ya inundarán todas las páginas de la novela.
Destacable en esta novela es su estructura epistolar. Conocemos toda la historia a través de las cartas que se mandan unos a otros. Se nos ofrece la historia a pedazos y somos nosotros quienes vamos juntando estos pedazos, los vamos relacionando y formando una historia completa. Y si no es a través de cartas, es a través de los recortes de prensa, de los diarios que alguno de los protagonistas lleva, de los telegramas... En ningún momento conocemos la historia directamente. Siempre es a través de algún tipo de documento. Y de esta forma nos permite el autor conocer mejor a los personajes. Y éstos nos transmiten sus inquietudes, su nerviosismo, sus miedos, sus angustias...
Crea Stoker con esta novela una nueva figura, un nuevo mito del horror. Sí, es verdad que esta novela es posterior a Carmilla, pero el éxito de Drácula fue tan abrumador, que ha sido considerado por muchos como el padre del mito del vampiro. Un ser que está totalmente alejado de los dilemas morales que los humanos nos planteamos. Un nuevo mito que basa su poder sobre todo en el miedo, en la ignorancia, en la superstición.
Sorprende en esta novela, como también nos sorprendió en Carmilla, su fuerte carga erótica. Las escenas sexuales no faltan en esta novela. Y muchas de ellas en los momentos que más terror y angustia nos producen. Y nos sorprende sobre todo por el año en que fueron escritas estas novelas. Mucho escándalo tuvieron que provocar en su época.
La religión juega también un papel fundamental en esta novela. Son los signos religiosos los usados por los protagonistas para vencer a Drácula. Son estos elementos los que logran la victoria sobre la maldad, sobre la oscuridad, sobre esa criatura que parece proceder directamente del propio infierno.
En definitiva, una novela imprescindible para los amantes del género. Y para quienes quieran reencontrarse de nuevo con esa figura del vampiro cruel, sangriento, sádico...
Y con esta reseña cumplo, casi a lo justito, con el reto que Meg nos propuso a principios de año. Gracias Meg por hacer que haya vuelto a disfrutar de nuevo con la maligna figura del conde.



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