martes, 10 de julio de 2012

¡Queremos sorteos, sorteos, queremos sorteos, sorteos...!

Empiezo esta vez con Matilda, quien organiza un sorteo... Uys, me he equivocado, organiza dos... ¡No, Margari! Que no te enteras. Que Matilda no organiza ni uno ni dos... Ni tampoco tres. ¡Son cuatro los sorteos que organiza!
En su blog Matilda libros son tres los sorteos que tiene. Y en cada uno de ellos nos da la oportunidad de ganar un maravilloso cuento de Raquel Díaz Reguera. Hasta el 15 de julio podemos participar. Pinchad en cada uno de los banners y os llevará al blog de Matilda y podréis ver las bases. 

 

Y en su otro blog, Cuando Matilda se haga mayor,  también nos ofrece la oportunidad de conseguir otro libro de Raquel Díaz. El plazo para participar es el mismo, hasta el 15 de julio. Pinchad en la foto para saber más.











Albanta de Adivina quien lee también está de sorteo y nos tienta con Cuando los dioses escriben el libro del destino de Alice Albinia. El plazo para participar termina el 30 de julio. Las bases las encontráis aquí.








Offuscatio celebra su primer aniversario organizando su primer sorteo en su blog Livros y más libros. Y con dos libros muy atractivos como son La librería ambulante de Christopher Morley y Los cuadernos del Hafa de Pablo Cerezal. El plazo para participar termina el 20 de julio. Los requisitos están aquí.


Marylin de Los libros de la bruja también está de sorteo. Y son seis los libros que podemos ganar: cuatro ejemplares de La ciudad gris y otros relatos de Carlos de Tomás, un ejemplar de Juego de libélulas de Juan Luis Vera y un ejemplar de Paraje para olvidados de Carlos Mª Cabrerizo. Hasta el 4 de agosto se puede participar. Pinchad aquí para ver las bases.



Libros que voy leyendo vuelve a tentarnos con un nuevo concurso. Y en esta ocasión son tres los ejemplares que sortean de Nunca volveremos a ser las mismas de Brenda H. Lewis. El plazo para participar acaba el 22 de julio y las bases están aquí.







Xula de Caminando entre libros también nos da la posibilidad de hacernos con este libro. En su caso son dos los ejemplares que sortea, así que oportunidades para hacerse con este libro durante el mes de julio va a haber. Hasta el 21 de julio podemos participar. Para ver las bases pinchad aquí.







 El Escalpelo literario también está de sorteo. Y en su caso también son dos. Y son muy curiosos. El primero es el Sorteo Mi estantería. Consiste en hacer una foto de vuestra estantería o de la parte que más os guste de ella y enviársela mediante un correo electrónico. En este caso nos tienta con El ritual de Orfeo de Giulio Leoni.






Y el segundo sorteo, Sorteo Mi rincón, consiste en hacerle una foto a vuestro rincón favorito de lectura y enviársela también mediante un correo electrónico. El libro que podemos ganar es La alargada sombra del amor de Mathias Malzieu. El plazo para participar en ambos sorteos termian el 13 de julio. Pinchad aquí para leer mejor los requisitos.






 Y Kayena vuelve a traernos su sorteo mensual y en esta ocasión nos tienta con tres títulos. El ganador sólo podrá elegir uno de ellos: Volverán a por mí de Josan Hatero y Use Lahoz, Fantasmas de Kensington de J.D Álvarez y El club del amanecer de Don Winslow. Para saber más de este sorteo pasad por aquí.

¡¡¡Mucha suerte a tod@s!!!






domingo, 8 de julio de 2012

La abuela Lola de Cecilia Samartin


Sebastian sueña con ser un niño igual que los demás, con ser capaz de correr como el viento en el campo de fútbol, chutar la pelota de tal manera que dibuje una perfecta parábola y marcar un gol. Pero su corazón tiene un defecto desde que nació, lo que significa que no puede realizar sus deseos. No obstante, Sebastian ha logrado encontrar su lugar en el mundo gracias a su excéntrica abuela Lola y al amor que esta siente por la cocina. Ambos preparan juntos riquísimos y exóticos platos puertorriqueños, el país de origen de su abuela. La complicidad que crece entre ambos (un niño enfermo y una anciana) se convertirá pronto en un fuerte vínculo que logrará unir de nuevo a una familia desestructurada, pues, como siempre dice Lola, «una comida preparada con amor no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma». 



Una novela absolutamente deliciosa, con unos personajes entrañables, a los que se quiere, a los que se les echa de menos, a los que se les comprende, a los que se les perdona...

Y con un personaje como es Sebastián al que se le coge cariño desde las primeras páginas. Un personaje con el que estás deseando reencontrarte cuando no tienes el libro entre las manos, porque le ves crecer y madurar página tras página. Y porque ese amor que siente por su abuela Lola le hace también un personaje irresistible. Ellos son el alma de esta novela. Esa relación tan especial que hay entre ellos es el eje de esta historia. Y aunque poco a poco la abuela Lola consigue que su familia vaya acercándose nuevamente a ella, esa relación seguirá siendo especial. 

Una relación que tiene sus mejores escenas en los momentos que comparten en la cocina elaborando recetas que provocan los recuerdos de Lola y así conocemos su pasado. Y así influye en el presente de alguno de los personajes de esta novela. Porque estas recetas siempre despiertan sentimientos, siempre despiertan emociones. Imposible no acordarse de Como agua para chocolate en estas partes de la novela. 

Y con cada receta parece crecer la familia. Familia que no sólo la forman los familiares directos, sino también los amigos que pasan por casa de esta abuela tan especial y que no pueden resistirse al buen olor que sale de esa cocina. Y siempre hay en su casa sitio para uno más en la mesa. Si hasta a una le entran ganas de sentarse y disfrutar de esa deliciosa comida y de ese ambiente tan distendido y agradable que Lola sabe crear.

Nos enseña mucho esta novela. Bueno, más que enseñar nos recuerda. Porque el problema es que a veces nos olvidamos de cómo se vive... Y Cecilia nos recuerda que vivir y ser feliz es sencillo. Que somos nosotros quienes lo complicamos. Nos enseña el valor de la familia, el valor de la amistad, el valor de la fe... Nos recuerda cómo hay que luchar por nuestros sueños, cómo hay que luchar por la vida, cómo hay que estar orgulloso de lo que somos, independientemente de nuestros orígenes... Que la vida hay que disfrutarla con lo mucho o poco que tengamos, junto a nuestros seres queridos, que no tienen por qué ser sólo la familia...
Una lectura que emociona, que nos arranca la sonrisa, que nos provoca alguna lágrima.  Una lectura que no podrás soltar aunque temes llegar a la última página y despedirte de sus personajes.  El único "pero": el que está teniendo muchos libros últimamente, algunas faltas ortográficas. Aunque no son tan evidentes como en otros libros, así que no hay ningún problema para disfrutar de esta deliciosa novela, absolutamente recomendable.

.- Raquel Antúnez de Contra los límites
.- Porlomenix de Bourbon street
.-  Marilú Cuentalibros de Marilú Cuentalibros
.- Carmina de De tinta en vena
.- Lectora de Tot de Momentos de silencio compartido


sábado, 7 de julio de 2012

Y también llegaron a mi casita

Y esta vez no fue por sorteos, sino que llegaron a casita gracias a las editoriales y en algunos casos incluso gracias a los propios autores.

Los que voy a presentar ahora me hace mucha ilusión porque son los primeros que llegan gracias a la propia editorial. Con las ganitas que tenía de estrenarme con este autor, mi respuesta cuando la editorial Plaza & Janés se puso en contacto conmigo fue un efusivo "sííí". La primera luz de la mañana ya está reseñada en el blog. El tiempo que querría sigue esperando en mi estantería, pero no por mucho tiempo.






Y hace muy poquito fue la editorial Grijalbo la que me ofreció esta novela, La edad de los milagros de Karen Thompson Walker. Y su argumento me atrajo mucho, así que mi respuesta estaba clara.

"No había imágenes que mostrar en televisión. No había heridos. No había muertos. Al principio fue una catástrofe casi invisible."
 La que habla es Julia. Tiene once años y hasta hace muy poco tiempo solo nos habría contado cosas del colegio, de sus padres, de la complicidad con su única amiga, de ese chico, Seth, que le provoca un hormigueo especial.
 Pero hoy tiene algo diferente que decirnos. Hoy, ella y su familia se han despertado con una alarmante noticia: la rotación de la tierra de pronto se ha ralentizado, y los días y las noches han empezado a alargarse. Pronto los relojes no servirán de nada. El mundo está cambiando, y aunque ni ella ni nadie saben lo que va a pasar a partir de ahora, todos intuyen que el futuro será distinto. Extraño. Perturbador. Aceptar la realidad y aferrarse a la vida, tal cual Julia la conoce, es la única manera de sobrevivir.
La Editorial Baile del Sol celebra sus 20 años regalando libros si te suscribes a su newsletter y así te pones al día de todas sus novedades. Son dos los libros que habitualmente regalan aunque en algunos casos han sido tres. Y en uno de esos casos estoy yo. 
De poesía: El buen amor siempre tiene dientes en la boca de Rosana Curiel

Una novela: Loca Novelife de Elvira Rebollo

De relatos: Formas del relámpago de Jordi Macarulla


Me llevé una grata sorpresa cuando, después de leer el propio autor mi comentario en la estupenda reseña que hizo Olga de su libro, Félix G. Modroño se puso en contacto conmigo para ofrecerme su novela, La ciudad de los ojos grises, ya leida, disfrutada y reseñada. Que esa portada siempre me llamaba cada vez que pasaba cerquita de la estantería.

Y termino con el libro que estoy leyendo ahora: Historias entre la vida y la muerte de Ana Sánchez Molina, una joven promesa de tan solo 16 años. Que le tenía echado el ojito a este libro después de ver varias reseñas positivas por la blogosfera, así que cuando el padre de la autora  me ofreció el libro, no pude resistirme. Y me estoy llevando una grata sorpresa. No esperaba engancharme tanto a esta historia. 

Y se acabó esta entrada. ¿Os apetece alguno de los libros?

viernes, 6 de julio de 2012

¡Cómo está Carmen!





Y es que vuelve a la carga y desde su blog, Carmen y amig@s nos propone un nuevo sorteo. Y siempre son tan atractivos, tan irresistibles que no sé decir que no: ¡CINCO PACKS de las dos novelas de Toni Hill: El verano de los juguetes muertos y Los buenos suicidas.


El inspector hispanoargentino Héctor Salgado ha cumplido los cuarenta, su esposa lo ha dejado por una mujer, tiene una relación difícil con su hijo y no termina de cuajar en el cuerpo de policía autonómico. Quizá su único refugio sea el cine, su gran pasión. Actualmente investiga la muerte de un adolescente. Lo que en principio era un caso sencillo se complica a medida que Salgado va conociendo a la familia del chico, empresarios respetados que quieren entrar en política. No es agradable hurgar en los secretos de los poderosos, a lo que hay que sumar los coletazos de su caso anterior, un asusnto de trata de blancas. La unidad de Salgado desmanteló una red recientemente y el cabecilla, un fanático del vudú, tiene sed de venganza. 


Hace poco terminó Navidad. Sumida en plena crisis económica, Barcelona es ahora una ciudad más fría y lluviosa. La desaparición de Ruth, su ex mujer, obsesiona a Héctor Salgado y quizá el caso que le acaban de asignar puede hacerle olvidar por momentos su caída en desgracia.

    El director financiero de una compañía de cosméticos mata a su esposa y luego se suicida. Lo que paree un caso de violencia doméstica llevado al extremo se revela como algo mucho más complejo al hallarse indicios que lo relacionan con otra muerte. En el mundo de la empresa, las mentiras son sólo la fachada de un mal mayor.

    Mientras, encerrada en casa por una prematura baja médica, Leire Castro, la pareja de investigación de Héctor, sigue la pista perdida de Ruth y no sospecha que puede destapar peligros que nadie había imaginado. 

¿Os apetecen? Pues sólo hay que pasar por aquí e informaros bien en el blog de Carmen. Hasta el 26 de julio se puede participar. ¡Mucha suerte a tod@s!!!

miércoles, 4 de julio de 2012

Y me sigue sonriendo la suerte

Que llevaba ya unos cuantos libros acumulados en los últimos meses, pero entre que soy perezosa con la cámara y el día que quise ponerme la cámara hizo "pluff"... He ido atrasando esta entrada hasta hoy.
Y aquí están los últimos libros que me han tocado en distintos sorteos.

Empiezo con los que me han tocado en el blog Carmen y amig@s, que parece que la suerte me acompaña mucho en este blog:

Naufragios de Akira Yoshimura

Es raro ser niña de Mildre Hernández

El Segundo Reino de Rebecca Gablé

En el blog de Xula, Caminando entre libros conseguí un libro que llevo años queriendo leer:

 El mundo de Sofía de Jostein Gaarder  
En el blog de Carmina, De tinta en vena gané un ejemplar de:

El oráculo de los peces de Ángeles García
En Soy Cazadora de sombras y libros tuve la suerte de hacerme con:

La probabilidad estadística del amor a primera vista de Jennifer E. Smith
En el blog de Laky de Libros que hay que leer gané un ejemplar de:

La abuela Lola de Cecilia Samartín
 Con la editorial  Traspiés gané también este libro:

Pervertidos
 
Y un concurso que me hizo mucha ilusión ganar fue el que organizó la editorial Traspiés, que quedé segunda en su concurso con la reseña que hice de Una sombra en Pekín. Y estos son los libros que me llevé:

Monstruos cotidianos de Cristina Gálvez

El diablo de la botella de Robert L. Stevenson

Cavallería rusticana y otros cuentos sicilianos", de Giovanni Verga

El club de los parricidas de Ambrose Bierce

El Alquimista de Granada Washington Irving



Y ya no os doy más envidia. ¿Habéis leído alguno? ¿Cuál os apetece más?

lunes, 2 de julio de 2012

Gustavo Adolfo Bécquer



XV

Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
temblando se clavará;

hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá.

Gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar
y rueda y pasa y se ignora
qué playa buscando va.

Luz que en cercos temblorosos
brilla próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el último será.

Eso soy yo que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.

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XVI

Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.

Cayó sobre mi espíritu la noche
en ira y en piedad se anegó el alma
¡y entonces comprendí por qué se llora!
¡y entonces comprendí por qué se mata!

Pasó la nube de dolor... con pena
logré balbucear breves palabras...
¿Quién me dio la noticia?... Un fiel amigo...
Me hacía un gran favor... Le di las gracias.

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XXI

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¡Qué es poesía!,  ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

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XXII

Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso... yo no sé
qué te diera por un beso.

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XXIX

Tu pupila es azul y cuando ríes
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul y cuando lloras
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.

Tu pupila es azul y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea
me parece en el cielo de la tarde
una perdida estrella.

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XXX

Nuestra pasión fue un trágico sainete
en cuya absurda fábula
lo cómico y lo grave confundidos
risas y llanto arrancan.

Pero fue lo peor de aquella historia
que al fin de la jornada
a ella tocaron lágrimas y risas
y a mí, sólo las lágrimas.

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XXXVIII

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
nadie así te amará.
 

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XXXIX

No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas;
pero siempre habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,

mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,

mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa
¡habrá poesía!
 

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XL

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá ¿por qué no lloré yo?

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LI

-Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
-No es a ti: no.

-Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,
puedo brindarte dichas sin fin.
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mi me llamas?
-No: no es a ti.

-Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible:
no puedo amarte.
-¡Oh, ven; ven tú!

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LIV

Si de nuestros agravios en un libro
se escribiese la historia
y se borrase en nuestras almas cuanto
se borrase en sus hojas;

te quiero tanto aún; dejó en mi pecho
tu amor huellas tan hondas,
que sólo con que tú borrases una
¡las borraba yo todas!
 
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LXX

De lo poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.

Y esta vida mortal y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.

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LXXV

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable,
es altanera y vana y caprichosa:
antes que el sentimiento de su alma
brotará el agua de la estéril roca.

Sé que en su corazón, nido de sierpes,
no hay una fibra que al amor responda;
que es una estatua inanimada...; pero...
¡es tan hermosa!



 


domingo, 1 de julio de 2012

Acepto el reto de Mayte

Y el reto que me lanza Mayte desde su blog El espejo de la entrada consiste en decir una frase con la que te sientas identificada o que signifique algo para ti. Me quedo en esta ocasión con una frase de Woody Allen:
 "El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro."
Y es que siempre me ha acompañado el miedo en muchos momentos de mi vida. Y siempre he luchado contra él.

Y ahora toca pasarle el reto a blogs amigos, que van a ser:

Koncha de Desde Vallekas
Marilú de Cuentalibros
Offuscatio de Livros y más libros
Pilar Muñoz de Ellas también viven
Silvia de La Vieja Encina



sábado, 30 de junio de 2012

¡Primer reto superado!


¿Os acordáis del reto que Laky, de Libros que hay que leer, creó a principios de este año? Un reto al que me apunté, porque defender lo escrito en nuestra lengua siempre me parece una iniciativa estupenda. Y es que el reto de Laky consistía en leer, durante el 2012, 25 libros escritos en español (se incluyen, por tanto, los escritores hispanos).

Todavía os podéis apuntar. Y, al final del año, para premiar a los que hayan cumplido el reto, sorteará un libro entre todos los participantes (siempre que hayan reseñado los 25 libros). Para optar al premio, hay que cumplir una serie de requisitos que podéis ver si pincháis aquí.

Y aquí está mi primer reto conseguido. Ya están en la entrada que hice en su momento anunciando el reto todos los libros con los links a sus respectivas reseñas. Pero si no queréis buscar, vuelvo a dejar los libros también aquí:

1. El visitante maligno, de Fernando Sobenes
2. Historias de una gaviota, de Cristina Caviedes
3. Obsesión de Antonio Lagares
4. El alfabeto de los pájaros de Nuria Barrios
5. La arena del reloj de Mayte Esteban.
6. Abel Sánchez de Miguel de Unamuno.
7. El eterno olvido de Enrique Osuna.
8. La sombra de las horas de Luis Miguel Morales
9. El puerto del nuevo mundo de X.R. Trigo
10. Tengo una pistola de Enrique Rubio
11. El ladrón de compresas de Sergio G. Ros
12. El Oasis maldito de Francisco J. Sánchez Lizón
13. Una sombra en Pekín de José Ángel Cilleruelo
14. Noche y niebla de Juan Andrés Moya Montañez
15. El bolígrafo de gel verde de Eloy Moreno
17. La tía Tula de Unamuno
18. El secreto sumergido de Cristián Perfumo
19. El acontecimiento de Javier Giménez
20. Ellas también viven de Pilar Muñoz
21. Tiempo de arena de Inma Chacón
22. El oráculo de los peces de Ángeles García
23. White Creek Manor de A. Victoria Vázquez
24. La ciudad de los ojos grises de Félix G. Modroño
25. Bécquer eterno de Carmen Ferreiro Esteban



Cristina Caviedes quiere empezar de nuevo


Cristina  quiere empezar una etapa nueva en su vida literaria y desvincularse de la editorial con la que ha estado trabajando hasta ahora para poder partir así de cero.

Para conseguirlo, pone a la venta los últimos ejemplares de sus libros Jugando con fuego e Historias de una gaviota. Y los pone a unos precios irresistibles. Si quieres un ejemplar, 6 euros. Si quieres los dos, 10 euros. Y los gastos de correos (si es en España) ya están incluidos.

Los libros llegarán dedicados al nombre que pidáis. Sólo habrá que mandar un mail a esta dirección que ha abierto Cristina únicamente para esto: historiasdeunagaviota@gmail.com


Quedan poquitos ejemplares, así que si os interesa, no perdáis el tiempo. Que luego no se publicarán más.
Pasad por su entrada, donde está todo mejor explicado.

¡Mucha suerte y muchos ánimos Cristina en esta nueva etapa!


jueves, 28 de junio de 2012

El Monte de las Ánimas de Gustavo Adolfo Bécquer



La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.
     Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.
     Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.
     Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

I

     -Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
     -¡Tan pronto!
     -A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
     -¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
     -No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.
     Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.
     Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:
     -Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.
     Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
     Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
     Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.
     La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.

II

     Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón.
     Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.
     Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.
     Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste.
     -Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban-; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío.
     Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.
     -Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido -se apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres?
     -No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo... que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.
     El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:
     -Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?
     Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.
     Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las campanas.
     Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo:
     -Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.
     -¿Por qué no? -exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro... Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:
     -¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?
     -Sí.
     -Pues... ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.
     -¡Se ha perdido!, ¿y dónde? -preguntó Alonso incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.
     -No sé.... en el monte acaso.
     -¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial-; en el Monte de las Ánimas!
     Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:
     -Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche... esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.
     Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores:
     -¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!
     Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego:
     -Adiós Beatriz, adiós... Hasta pronto.
     -¡Alonso! ¡Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.
     A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.
     Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.

III

     Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho.
     -¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen.
     Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.
     Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.
     -Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.
     Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.
     Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.
     Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.
     -¡Bah! -exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho-; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos?
     Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.
     El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.
     Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.
     Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!

IV

     Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.


(Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer)