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jueves, 12 de septiembre de 2013

84, Charing Cross Road de Helene Hanff



 "Vengo escribiéndoles cartas de lo más descaradas desde la seguridad que me dan los 5.000 kilómetros que hay por medio. Probablemente entraré un día en esa tienda y saldré de ella al cabo de un rato sin decirles quién soy."

Aprovechando el reto propuesto por Libros que hay que leer, Juntando más letras y Momentos de silencio compartido, voy a hablar de uno de mis libros favoritos. Un libro que leí por primera vez hace más de diez años y que leí de nuevo poquito tiempo después. 

Bien dispuesta a hacer la reseña, cogí el libro de la estantería y mi cuaderno para empezar a escribirla. Quería revisar algún apunte que suelo introducir entre las páginas de los libros y también revisar si me acordaba bien de esta historia de amor hacia los libros. Sentada en la silla de mi escritorio, abrí el libro... Y cuando me dí cuenta llegué a la última página sentada cómodamente en el sofá... ¡Qué disfruta mi alma cotilla entre las cartas de estos amantes de los libros! ¡Qué disfruto sabiendo de la vida de unos y de otros! 

Porque no sólo amor hacia los libros se revelan en estas cartas. Aquí hay amistad, solidaridad, respeto, compañerismo... A pesar de la distancia que separa a sus protagonistas. Son muchos años de relación epistolar y el afecto se transmite a través de las cartas. Y mucho de la vida que están viviendo: son años duros, tras una guerra mundial. En Inglaterra se sufre la escasez, el racionamiento... Y encuentran los trabajadores de esta encantadora librería, una pequeña tabla de salvación en esta guionista americana, que sufre por su situación, y siempre, además de sus cartas, envía alimentos y otros productos que le ayudan a vivir un poco mejor.

Los años pasan, la situación mejora y ya esta ayuda no es necesaria. Pero la relación sigue. Los libros le siguen uniendo. Y el cariño que ya sienten todos. Son una pequeña familia unida por el amor hacia los libros. Una familia que tiene una tremenda ilusión de conocerse, pero la distancia es tanta que es casi una tarea imposible. 

Y no cuento más. Sólo que sé que volveré más adelante a abrir este libro, volveré a visitar la librería  y volveré a perderme y a disfrutar entre sus cartas.