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martes, 30 de octubre de 2012

Carnacki el cazador de fantasmas y Al final de la escalera








William Hope Hodgson (1877-1918) creó en 1910 su propio investigador de fenómenos sobrenaturales, Thomas Carnacki, del que publicó las primeras aventuras en The Idler Magazine. Carnacki vive en Chelsea, fuma en pipa y tiene la incorregible costumbre de invitar a cenar sin previo aviso a sus cuatro amigos, Jessop, Arkright, Taylor y Dodgson, el narrador. Relajados tras la cena, Carnacki relata a sus atónitos invitados su última aventura contra las fuerzas del más allá. Sus armas: un pentáculo mágico, grimorios o antiguos rituales de libros ocultistas.

El presente volumen reúne las nueve historias de Carnacki escritas por Hodgson: La Cosa invisible (una daga hechizada cobra vida y ataca sin que nadie la empuñe), La puerta del monstruo (una visita al reino de donde provienen los espíritus), La casa entre los laureles (un caso de habitación embrujada), La habitación que silbaba (una de las más tenebrosas historias de la carrera del detective) El investigador de la última casa (la casa familiar de Carnacki es poseída por extraños sonidos y un agobiante aroma), El caballo invisible (quizá la mejor y más terrorífica de la colección), El encantamiento del Jarvee (unas extrañas fuerzas sobrenaturales se apoderan de un barco), El hallazgo (sobre el descubrimiento de la segunda copia de un libro único), y El cerdo (la historia más extensa, espeluznante y perturbadora de la serie). 

Nos encontramos en esta obra con un investigador que, en muchos momentos, nos va a recordar a Sherlock Holmes, sobre todo en su carácter. Porque la naturaleza de sus investigaciones son bien diferentes. Carnacki se dedica solamente a lo sobrenatural. Aunque tras estos elementos sobrenaturales, muchas veces va a descubrir la mano cruel del hombre. Va a descubrir montajes tan bien diseñados que incluso son capaces de engañar a todo un pueblo.

Pero he dicho que se parece en carácter a Sherlock. Pero esto no es del todo cierto. Comparte con este personaje cierto comportamiento excéntrico, comparte inteligencia, comparte, a veces, cierto rasgo de soberbia... Pero hay una cosa que tiene Carnacki de la que Sherlock carece: miedo. Carnacki es un miedoso absoluto. Y esto hace que nos sintamos identificados con él en todo momento. Cada vez que tiene que enfrentarse a cualquier elemento sobrenatural o aparición o lo que sea, el miedo se apodera de nuestro personaje. Suda, tiembla, duda, quiere huir... Pero finalmente logra superar y vencer ese miedo. Se impone el deseo de saber qué es lo que hay detrás de ese misterio. Aunque sienta todo el miedo del mundo, va a estar ahí para descubrirlo todo.

Otra cosa que hace que nos enganchemos fácilmente a la lectura de este libro es su estructura. Cada relato empieza con una invitación para cenar de Carnacki a sus cuatro amigos más intimos. Y tras la cena, una vez que están todos comodos sentados en el sofa, calentitos con el fuego de la chimenea, Carnacki procede a contar su última aventura. Así que es fácil imaginarse que una también está ahí, sentada y absorta escuchando, siendo una invitada más de este peculiar personaje. Parece Carnacki dirigirse a nosotros como si fuéramos esos amigos, y así es más fácil transmitir ese miedo, esa angustia, esos nervios que él siente cuando tiene que enfrentarse a situaciones que parece que le superan. 

Los relatos son todos igual de atractivos aunque si hay alguno que me ha sorprendido mucho es el último, El cerdo, quizás porque me ha sorprendido mucho quién es el enemigo en este último caso. Y es que Carnacki en esta ocasión tiene que hacer frente a toda una piara de cerdos surgidos del propio infierno. Sorprende mucho ver a estas criaturas como unos seres sobrenaturales capaces de transmitir tanto terror. Se siente, se palpa la angustia de Carnacki, su miedo a que su fin está llegando. A que esa será su última aventura...

En definitiva, una novela absolutamente recomendable para los amantes del género. 

Y para acompañar estos relatos sobrenaturales, una película de fantasmas: Al final de la escalera. No sé cuántas veces he visto esta película. Es una de mis favoritas dentro del género. Una película sencilla, sin escenas en las que regodee en la sangre, sin gritos constantes que molestan a los oídos, sin efectos especiales... Y sin todo eso, logra darnos un miedo... Logra crear una atmósfera inquietante que nos mantiene en tensión durante toda la duración de la película. Sólo hay una vieja mansión con un fantasma. Un fantasma con una historia detrás, y que nos va dejando pistas para que descubramos cuál es esa historia. Y para dar esas pistas va convirtiendo elementos tan naturales como una silla de ruedas o una simple pelota en escenas que sobrecogen y te dejan el miedo metido en el cuerpo... También encontramos, como buena casa encantada que es, puertas que se cierran, ruidos extraños, susurros... 

El mayor acierto de esta película es su protagonista: George G. Scott. Imposible pensar en otro actor para este papel.  Y otro de los aciertos es la fotografía. Se disfruta viendo cada escena de esta película, todas bien estudiadas y cuidadas.

El único problema de esta película es que los años pasan. Y esos recursos que tanto sorprendieron en su momento han sido ya muy usados, incluso en las pelis de sobremesa. Así que ya cuesta más trabajo sorprendernos, cuesta más asustarnos... ¿O no?