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miércoles, 31 de octubre de 2012

El juego de los niños de Juan José Plans y El pueblo de los malditos



"El juego de los niños" es una novela sobrecogedora que nos sumerge en una inquietante y sorprendente pesadilla, en la más apocalíptica realidad que mente humana pueda concebir. Novela de culto e hito del género de terror, nos reencontramos con "El juego de los niños" 35 años después de su primera y única edición y continúa igual de viva.   

Esta novela sirvió de base para la película de Narciso Ibáñez Serrador ¿Quién puede matar a un niño?

En este libro nos encontramos con una pareja protagonista, que decide pasar unos días de relax y descanso en una pequeña isla. Tienen dos hijos a los que han dejado con la abuela y están esperando ser padres de nuevo. Pero antes de que ese momento llegue, buscan unos días para estar solos, para disfrutar de unos días de tranquilidad. Y deciden ir a esa isla que el marido recordaba por haber pasado allí momentos de su niñez. Pero cuando llegan a la isla, algo extraño sucede... No encuentran a nadie, no ven a nadie... Ni siquiera las gaviotas están en el muelle... Y desde ese momento el autor va creando una atmósfera inquietante, angustiosa, que produce un malestar y desazón en el alma y en el cuerpo que cuesta quitar. Hay momentos crueles, momentos que una lee y está pensando que son cosas que nunca deberían pasar... Porque quien las está realizando... No, cuesta trabajo creer que las manos de seres tan inocentes puedan causar ese daño, ese dolor, puedan disfrutar tanto de la violencia gratuita. Cuesta trabajo creerlo. No queremos creerlo. 

Es una novela tremendamente ágil, que no se pierde en descripciones largas, que no se entretiene en largos diálogos. Es una novela corta que usa las palabras justas para perfilar los personajes y para presentar la trama. Y lo hace realmente bien. Desde que la pareja protagonista llega a la isla, el autor sabe mantenernos en tensión, a la espera de lo que va a suceder en la siguiente página. Porque siempre sucede algo. Porque nos mantiene en vilo por el futuro de los personajes principales. Y es que la maldad está presente en la isla. La maldad en estado puro. Una maldad dispuesta a arrasarlo todo, a destrozarlo todo, sin miramientos, sin remordimientos... Y lo peor es que no sabemos enfrentarnos a ella. Porque son los niños los que provocan todo ese caos, son los niños los seres crueles que matan, asesinan, torturan... Pero, como bien dice la pelicula de Chicho Ibáñez Serrador, quien realizó una adaptación de este libro, ¿Quién puede matar a un niño?




El pueblo de los malditos (1960) empieza en un tranquilo pueblo, donde, un día, algo invisible, algo que nadie es capaz de averiguar qué es, deja a todos los habitantes del pueblo inconscientes. Varias horas después despiertan y reanudan su vida con normalidad. Hasta que varios meses después, todas las mujeres del pueblo descubren que están embarazadas. Esta noticia no será recibida con alegría por todo el mundo. Al contrario, originará conflictos, ya que muchos no conocen quién es el padre de la criatura. Los niños nacerán, pero pronto empiezan a mostrar que no son seres normales. Crecen demasiado rápido, y sus ojos, brillantes... Esos ojos causan terror...

Una de las cosas que más me ha gustado de esta película es su ritmo. Empieza de una forma lenta, pausada, pero a medida que avanzamos, la acción se sucede. La tensión aumenta, y a pesar de que el paso de los años también se hace notar en esta película, acabamos enganchados queriendo saber el final. Y desde luego la escena final es de diez. Y otra vez encontramos como sin efectos especiales, sin escenas sangrientas y crueles, se puede crear y se puede transmitir esa atmósfera de tensión y miedo que se instala en el pueblo. Miedo a esos niños que se van revelando como criaturas que no son humanas. Niños que sólo necesitan actuar de forma fría, de forma distante para producir miedo. Niños extremadamente inteligentes y capaces de controlar la mente humana. Y su condición de niños hace que cueste trabajo enfrentarse a ellos...

Nos encontramos de nuevo con una historia a la que no le hace falta de grandes recursos para causar inquietud, para meternos algo de miedo en el cuerpo. Una historia que va de menos a más. No es, quizás, de las mejores películas del género, pero se disfruta viéndola.

martes, 30 de octubre de 2012

Carnacki el cazador de fantasmas y Al final de la escalera








William Hope Hodgson (1877-1918) creó en 1910 su propio investigador de fenómenos sobrenaturales, Thomas Carnacki, del que publicó las primeras aventuras en The Idler Magazine. Carnacki vive en Chelsea, fuma en pipa y tiene la incorregible costumbre de invitar a cenar sin previo aviso a sus cuatro amigos, Jessop, Arkright, Taylor y Dodgson, el narrador. Relajados tras la cena, Carnacki relata a sus atónitos invitados su última aventura contra las fuerzas del más allá. Sus armas: un pentáculo mágico, grimorios o antiguos rituales de libros ocultistas.

El presente volumen reúne las nueve historias de Carnacki escritas por Hodgson: La Cosa invisible (una daga hechizada cobra vida y ataca sin que nadie la empuñe), La puerta del monstruo (una visita al reino de donde provienen los espíritus), La casa entre los laureles (un caso de habitación embrujada), La habitación que silbaba (una de las más tenebrosas historias de la carrera del detective) El investigador de la última casa (la casa familiar de Carnacki es poseída por extraños sonidos y un agobiante aroma), El caballo invisible (quizá la mejor y más terrorífica de la colección), El encantamiento del Jarvee (unas extrañas fuerzas sobrenaturales se apoderan de un barco), El hallazgo (sobre el descubrimiento de la segunda copia de un libro único), y El cerdo (la historia más extensa, espeluznante y perturbadora de la serie). 

Nos encontramos en esta obra con un investigador que, en muchos momentos, nos va a recordar a Sherlock Holmes, sobre todo en su carácter. Porque la naturaleza de sus investigaciones son bien diferentes. Carnacki se dedica solamente a lo sobrenatural. Aunque tras estos elementos sobrenaturales, muchas veces va a descubrir la mano cruel del hombre. Va a descubrir montajes tan bien diseñados que incluso son capaces de engañar a todo un pueblo.

Pero he dicho que se parece en carácter a Sherlock. Pero esto no es del todo cierto. Comparte con este personaje cierto comportamiento excéntrico, comparte inteligencia, comparte, a veces, cierto rasgo de soberbia... Pero hay una cosa que tiene Carnacki de la que Sherlock carece: miedo. Carnacki es un miedoso absoluto. Y esto hace que nos sintamos identificados con él en todo momento. Cada vez que tiene que enfrentarse a cualquier elemento sobrenatural o aparición o lo que sea, el miedo se apodera de nuestro personaje. Suda, tiembla, duda, quiere huir... Pero finalmente logra superar y vencer ese miedo. Se impone el deseo de saber qué es lo que hay detrás de ese misterio. Aunque sienta todo el miedo del mundo, va a estar ahí para descubrirlo todo.

Otra cosa que hace que nos enganchemos fácilmente a la lectura de este libro es su estructura. Cada relato empieza con una invitación para cenar de Carnacki a sus cuatro amigos más intimos. Y tras la cena, una vez que están todos comodos sentados en el sofa, calentitos con el fuego de la chimenea, Carnacki procede a contar su última aventura. Así que es fácil imaginarse que una también está ahí, sentada y absorta escuchando, siendo una invitada más de este peculiar personaje. Parece Carnacki dirigirse a nosotros como si fuéramos esos amigos, y así es más fácil transmitir ese miedo, esa angustia, esos nervios que él siente cuando tiene que enfrentarse a situaciones que parece que le superan. 

Los relatos son todos igual de atractivos aunque si hay alguno que me ha sorprendido mucho es el último, El cerdo, quizás porque me ha sorprendido mucho quién es el enemigo en este último caso. Y es que Carnacki en esta ocasión tiene que hacer frente a toda una piara de cerdos surgidos del propio infierno. Sorprende mucho ver a estas criaturas como unos seres sobrenaturales capaces de transmitir tanto terror. Se siente, se palpa la angustia de Carnacki, su miedo a que su fin está llegando. A que esa será su última aventura...

En definitiva, una novela absolutamente recomendable para los amantes del género. 

Y para acompañar estos relatos sobrenaturales, una película de fantasmas: Al final de la escalera. No sé cuántas veces he visto esta película. Es una de mis favoritas dentro del género. Una película sencilla, sin escenas en las que regodee en la sangre, sin gritos constantes que molestan a los oídos, sin efectos especiales... Y sin todo eso, logra darnos un miedo... Logra crear una atmósfera inquietante que nos mantiene en tensión durante toda la duración de la película. Sólo hay una vieja mansión con un fantasma. Un fantasma con una historia detrás, y que nos va dejando pistas para que descubramos cuál es esa historia. Y para dar esas pistas va convirtiendo elementos tan naturales como una silla de ruedas o una simple pelota en escenas que sobrecogen y te dejan el miedo metido en el cuerpo... También encontramos, como buena casa encantada que es, puertas que se cierran, ruidos extraños, susurros... 

El mayor acierto de esta película es su protagonista: George G. Scott. Imposible pensar en otro actor para este papel.  Y otro de los aciertos es la fotografía. Se disfruta viendo cada escena de esta película, todas bien estudiadas y cuidadas.

El único problema de esta película es que los años pasan. Y esos recursos que tanto sorprendieron en su momento han sido ya muy usados, incluso en las pelis de sobremesa. Así que ya cuesta más trabajo sorprendernos, cuesta más asustarnos... ¿O no?