J.M Coetzee
DeBolsillo, 2012
Una historia profunda, extraordinaria, que por momentos atenaza el corazón, y siempre, hasta el final, subyugante.
A los cincuenta y dos años, David Lurie tiene poco de lo que enorgullecerse. Con dos divorcios a sus espaldas, apaciguar el deseo es su única aspiración; sus clases en la universidad son un mero trámite para él y para los estudiantes. Cuando se destapa su relación con una alumna, David, en un acto de soberbia, preferirá renunciar a su puesto antes que disculparse en público. Rechazado por todos, abandona Ciudad del Cabo y va a visitar la granja de su hija Lucy.
Allí, en una sociedad donde los códigos de comportamiento, sean de blancos o de negros, han cambiado; donde el idioma es una herramienta viciada que no sirve a este mundo naciente, David verá hacerse añicos todas sus creencias en una tarde de violencia implacable.
Primera novela que leo de Coetzee y aseguro que no va a ser la última. ¿Cómo me ha resultado esta lectura? Demoledora. Sí, creo que esa es la palabra exacta. Porque este libro es de los que te sacuden, de los que te remueven, de los que te alteran, de los que te enfadas con los personajes, porque hay momentos que no los comprendes. De los que duelen, porque sabes que esa realidad que te está mostrando es cierta. Que aún existe. Y das las gracias porque no te ha tocado vivirla...
David Lurie es el gran personaje en esta novela. Se nos muestra como un profesor que carece ya de vocación. Dar clases para él se ha convertido en simple rutina. Como su vida. Sólo parece encontrar un aliciente para la vida en el sexo. Si primero acude a una prostituta, luego empezará una relación con una de sus alumnas. Y será esta relación la que marque el inicio de su caída. Porque cuando esta relación sea descubierta, será juzgado. Y él se negará a defenderse. ¿Por qué? Por no perder su integridad, por no traicionarse a sí mismo, porque no está arrepentido de lo que ha hecho, porque no ve daño alguno... Así que será destituido de su cargo. Y ante el rechazo de todos, preferirá echar tierra de por medio e ir a pasar unos días con su hija, quien regenta una granja en el centro del país.
Su hija es el otro gran personaje. Una hija a la que nos va a costar comprender. Parece que las relaciones entre padre e hija no son buenas. Tampoco el padre la comprende. No comprende las decisiones que ha tomado. Y ahora que está con ella, pretende dirigir su vida, reconducirla. Pero pronto empezará a darse cuenta de que no puede. El clímax llegará cuando padre e hija son brutalmente atacados por tres hombres de raza negra. A partir de ese momento Lurie se da cuenta de que todo lo que tenía que hacer, ya lo ha hecho. Que ya ha cumplido con todas las metas de su vida. Que en sus manos no está nada. Que no tiene el control. Que nada de lo haga puede cambiar lo que ha ocurrido. Que el mundo está cambiando y él no puede hacer nada para evitarlo. Que ni siquiera puede ayudar a su hija. Ni siquiera puede cuidarla. Tampoco se deja. Tampoco la comprende.
A favor de Lurie tengo que decir que yo tampoco he entendido a su hija. No comprendo su actitud, su comportamiento, su sumisión, su reacción ante la terrible situación que ha vivido. Su resignación, su abandono, sus nulas ganas de luchar, de rebelarse, de plasmar en algún modo su dolor. Me ha resultado su reacción demasiado forzada, poco natural. Como si Coetzee hubiera perfilado a este personaje dentro de unos límites y no pudiera salirse de ahí.
Y a pesar de este pequeño pero, recomiendo su lectura, pero no en cualquier momento. Porque es de esas lecturas cuya visión pesimista del mundo, te marca, te duele, te llega.