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jueves, 7 de julio de 2011

Sabor a canela de José Carlos Carmona

Descubrí este libro en el blog de Rosalía y me gustó tanto la reseña que hizo que no dudé en apuntármelo. Y tomando el solecito me he devorado este libro en dos ratitos playeros. Y a pesar de esto, no puedo decir que me haya encantado este libro. Me ha faltado algo para terminar de llenarme, de producirme esa sensación que las buenas lecturas te dejan cuando las acabas. 

No quiero desvelar mucho de la trama, pero las situaciones vividas por la protagonista son tan folletinescas, le suceden tantas cosas y todas tan tristes, que se me hace imposible creerlas. Y además, la reacción que ella tiene ante todas estas situaciones son tan frías que hace que incluso me caiga un poco antipática. Para Cecile Goldberg, su única pasión es la música, y, exceptuando la parte en la que se empeña en encontrar a su madre desaparecida, parece que la música es el único motivo que tiene para luchar. Sus reacciones ante tantas desgracias es prácticamente nula. Pero su lucha por triunfar como directora de orquesta es constante a lo largo de toda la novela.

"El sonido del violonchelo le hizo reconocer que tenía alma.
Su alma se conmovió con su sonido.
Cecile Goldberg descubrió su alma y la música en el mismo momento. Nunca olvidaría ese instante. Nunca abandonaría la música."

El único episodio en el que el narrador plasma mejor los sentimientos de Cecile es cuando describe cómo se afanaba por quitar una mancha en la tetera. Absorta, sin hacer caso a nadie, como si borrando esa mancha pudiera borrar uno de los episodios más trágicos de su vida. Y lo intenta y lo intenta, pero no lo logra. Este simple detalle nos revela la inmensa soledad que siente la protagonista. Pero es el único momento en que lo apreciamos. En el resto del libro, estos sentimientos escasean. La reacción de Cecile ante tanta fatalidad es casi nula. A veces hasta te dan ganas de gritarle: "¡Espabila!" Para bien o para mal, pero que haga algo. 

Lo mejor de esta novela es su forma de estar narrada. La prosa de este autor es casi poética en muchas ocasiones. Es ágil, fresca, dinámica. El principio es inmejorable. Te atrapa totalmente. Los capítulos son muy cortos, a veces de una sola frase. Pero una frase que dice mucho. Las referencias musicales son constantes y pueden convertirse en un perfecto acompañamiento para leer su novela. En el blog del libro, Sabor a canela, podéis encontrar todas las piezas que en la novela se tocan.

Otro detalle curioso es como el autor relaciona cada momento importante de la vida de Cecile con un acontecimiento histórico.

Un libro idóneo para estas fechas. Es una lectura muy ligera, que engancha. No es una lectura para sobresaliente pero un notable sí que le daba. La falta algo para terminar de cuajar. 

Termino esta reseña con una cita que me encantó:

"Asumió que leer es hablar con gente inteligente."