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miércoles, 8 de junio de 2022

Minireseñas: Señora de rojo sobre fondo gris de Miguel Delibes y El matrimonio de la señorita Buncle de D.E. Stevenson

 

Señora de rojo sobre fondo gris

Miguel Delibes

Destino, 2009 (1991)

Un bellísimo canto al amor de toda una vida.
Un prestigioso pintor, sumido en una grave crisis creativa, desgrana ante su hija sus recuerdos más íntimos en un monólogo que es a la vez un homenaje y un exorcismo del dolor que siente por la muerte prematura de su esposa, Ana, «una mujer que con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir». Ana desprendía tanta belleza y plenitud que iluminabla la grisura cotidiana y los sinsabores de su enfermedad, de ahí el desconsuelo del pintor tras su pérdida.
Una de las novelas más bellas y conmovedoras de Miguel Delibes. Un canto al amor maduro, sereno, de toda una vida.

Precioso homenaje el que realiza Delibes en esta novela a su mujer. Y es que, en las palabras que Nicolás le dedica a su pareja, están las palabras que Delibes le dedica a su mujer, Ángeles de Castro.

Nicolás, a través de este monólogo dirigido a su hija, recuerdo los momentos más personales y más íntimos que vivió junto a su esposa. En este monólogo plasma todo su dolor, toda su pena y todo el amor y la admiración que sentía y aún siente por su mujer. Y lo cuenta todo sin caer en ningún momento en la ñoñería. Pura emoción, contada con una sencillez que abruma. Imposible no sentir su dolor, imposible no sentir esa misma admiración, ese mismo respeto, ese mismo amor que Delibes siente por su esposa. 

Una novela muy breve, que se lee en una tarde, absolutamente maravillosa. 

El matrimonio de la señorita Buncle

D.E. Stevenson

Traducido por Concha Cardeñoso

Alba, 2013

Barbara Buncle, felizmente casada con su editor, encuentra en el pueblecito de Wandlebury una casita –la Casa del Arco– que le parece ideal para establecer su vida de casada, lejos de las aburridas cenas y partidas de bridge de Londres. Por una inocente casualidad, cuando visita al abogado encargado de la venta de la casa, cae en sus manos el testamento de la anciana lady Chevis Cobbe, conocida por sus enfermedades y por su manía «antimatrimonial». Barbara y su marido se instalan en la Casa del Arco y no tardan en ser la comidilla de la vecindad. El secreto que conoce Barbara a raíz de la lectura del testamento la empujará a entrometerse en la vida de una joven independiente para impedir que dé un mal paso que supondría la pérdida de su fortuna.

Me gustó tanto El libro de la señorita Buncle que, aunque estaba deseando leer su continuación, también lo temía. ¿Y si no está a la altura? Siempre tememos las segundas partes, ¿verdad? 

Pues en este caso, fue empezar a leer y darme cuenta de que no había nada que temer. Me encontraba con la misma señorita Buncle de la primera parte, aunque ahora tendré que llamarla señora, que está ya felizmente casada con su editor, Arthur. El único problema en sus vidas en ese convencionalismo con normas tan rígidas que ninguno de ellos soportan y que es la causa por la que deciden mudarse e irse a vivir a un nuevo pueblo. 

Y todo es llegar y la señorita Buncle no puede evitar enterarse de un pequeño chisme, sin querer, un chisme qe va a condicionar gran parte de la historia. Y vuelve a demostrar nuestra protagonista que es muy inteligente y sagaz a la hora de conocer a sus nuevos vecinos. Me ha encantado los nuevos personajes, las nuevas situaciones que aquí se producen y esa nueva historia de amor que aquí nos cuenta, llena de pequeños obstáculos, que tendrán que ir saltando. Y con tantos nuevos personajes y tantas nuevas situaciones, Barbara tendrá material suficiente para una nueva novela, así que que no dudará en ponerse manos a la obra de forma frenética. ¿Será igual de buena que la anterior? Y, ¿será capaz de publicarla tras la experiencia con su anterior libro?

En definitiva, una novela que se lee en un santiamén, que nos arranca más de una sonrisa y que nos deja con ganas de volver a reencontrarnos con sus protagonistas.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Los santos inocentes de Miguel Delibes

Los santos inocentes

Miguel Delibes

Planeta, 1985 (1981)

La vida en un cortijo, las andanzas del señorito Iván, aficionado a cazar por encima de todo, la dureza de la existencia cotidiana y del sometimiento al amo, y luego los humillados y ofendidos que dan título a la novela, Azarías, Régula, Paco, la adolescente Nieves… Una dramática historia tejida con pequeños incidentes de todos los días contada por la insuperable pluma de Miguel Delibes, que tan bien sabe expresar todos los matices de sus personajes, desde la aspereza hasta la ternura, así como de un paisaje muy querido por el escritor.

Como en muchas de sus otras novelas, aquí Delibes vuelve a entonar un canto de alabanza a la vida sencilla del campo, la vida que él más disfrutaba. Y manifiesta su preocupación por el continuo daño que el hombre le hace a la naturaleza. Y expresa también su descontento y su dolor por el menosprecio con el que se trata a los trabajadores del campo, otro rasgo muy recurrente de su obra. Y que es más acusado y más incisivo en ésta. 

Aquí saca a la luz las míseras condiciones de vida de los campesinos extremeños, que viven aún sometidos a un régimen casi feudal en pleno siglo XX. Es dura la crítica que dirige a esas clases privilegiadas que abusan de su poder y explotan a los más humildes. 

En esta obra Delibes estaba en su etapa más experimental y eso se nota en la forma que tiene de narrar la historia y en la disposición gráfica del texto. Nos puede costar un poquito al principio adaptarnos, pero una vez que nos hacemos a su estilo, es imposible soltarlo. A esto ayuda la tensión que va creciendo poco a poco, creando un ambiente cada vez más asfixiante y opresivo. La tragedia se ve venir desde la primera página. Y aunque ya conocía el final, al ser relectura (es la tercera vez que leo esta novela), siempre me impresiona y me deja absolutamente noqueada.  Una novela imprescindible.

viernes, 17 de abril de 2020

El príncipe destronado de Miguel Delibes

El príncipe destronado
Miguel Delibes
Círculo de Lectores, 1986 (1973)

Cuando nace su hermana, Quico sólo tiene tres años. Y el príncipe de la casa, el querubín, se siente destronado. Es como si el cariño de su madre hubiera abierto una sucursal. Pero Quico, desde la aparente candidez de sus tres años, no está dispuesto a darse por vencido así como así, sino que planteará batalla. Aunque para llamar la atención tenga que utilizar recursos como pintarle la cara a su hermanita con los cosméticos de su mamá, provocar un cortocircuito metiendo las tijeras en un enchufe de la corriente eléctrica o fingir que se ha tragado un clavo.


El príncipe destronado destaca por ser una lectura sencilla, ágil, fácil de leer. Una novela corta que se lee en un santiamén, donde Delibes demuestra una vez más su maestría a la hora de contar historias, incluso las más sencillas. 

La historia transcurre toda en un solo día, desde que Quico, el niño protagonista de la novela,  se despierta a las diez de la mañana hasta las nueve de la noche, hora en que se  va a dormir. Y toda la acción se desarrolla en un único escenario: el piso donde  él vive junto a su familia y las criadas. Cada capítulo corresponde a una hora del día. 

Y con Quico volvemos a nuestra infancia. Esa época desbordante de imaginación, de inocencia, esa época en que las cosas más simples se convierten en una gran aventura. Pero una época también de miedos, ante todas las cosas nuevas que se descubren cada día. 

El  título hace referencia al tema de los celos, que está presente en la historia pero no es su parte central. Quico es el niño destronado, ante el nacimiento de su hermana. Pero más que celos, en Quico he visto enfado al haber perdido el trono.  Y celos hacia su hermana he visto poco. Que quiere llamar la atención y que se fijen en él, sí, pero no he visto ganas de desbancar a su hermana. Al menos en mi opinión.

A través de los ojos de Quico observamos lo que sucede durante todo el día en la casa. Y a través de sus ojos, Delibes realiza un crítico retrato social de la época. Y aunque el padre aparece poco, en sus pocas escenas ya vemos que es  el típico esposo y padre machista y autoritario de la época. No son buenas las relaciones con su esposa, aunque de eso nos damos cuenta nosotros como lectores, pero no Quico, que lo ve con sus ojos infantiles.

Nos damos cuenta también del escaso caso que la madre le hace a Quico, dejando su educación y su cuidado a manos del servicio doméstico, algo habitual en la época y que Delibes critica de forma sutil. Una madre que no ha perdido la belleza y que ante la escasa atención de su esposo y sus continuas discusiones, busca el amor en otros sitios... Una familia perfecta cara al exterior, pero que se descompone en el interior.

En definitiva, parece una novela en la que no pasa nada, en la que sólo vamos a acompañar durante un día a un niño de tres años, pero si te fijas en los detalles hay una gran historia detrás. Y todo contado a través de los ojos de un niño. Es increíble cómo consigue Delibes que nos metamos de lleno en la mente de Quico. Imposible que no se gane nuestro cariño y que no lo echemos de menos cuando terminamos su historia. 

Otra novela maravillosa de Delibes, como todas las que he leído hasta ahora.

martes, 3 de diciembre de 2013

Acercándonos a Delibes



Para terminar con el reto organizado por Inés y Tatty, voy a hacer un resumen de una de las últimas entrevistas que concedió Delibes, realizada para El Semanal en marzo de 1998, poquito tiempo antes de la publicación de su última novela, El hereje.
"Como escritor siempre he sido fiel a mi momento, he atendido los requerimientos del subconsciente con orden y prontitud. Mi obra no obedece pues a un plan previsto de la cruz a la fecha. Los viajes, las pequeñas cacerías de perdices, el germen de una novela, saltan cuando les parece y no requieren un largo planteamiento. De ahí que el primer sorprendido con cada libro que he publicado he sido yo... Y hasta, en ocasiones, la sorpresa me ha desconcertado como en el caso de Lorenzo, el cazador, personaje que en sucesivos momentos, no me pidió vida para un libro sino para tres. En literatura las cosas también van viniendo por sus pasos, con sus reiteraciones y sus sorpresas."

"...uno siempre acepta la paternidad de sus personajes. Pero si tenemos en cuenta que las constantes de mi obra son la infancia, la naturaleza, el sentimiento del prójimo y la muerte, todos aquellos tipos que de una manera u otra nos aproximan a estas cosntantes estarán muy conectados con mi mundo, esto es, serán delibeanos como usted dice. Pongamos por caso: Daniel el Mochuelo, el Ratero, el señor Cayo, Pacífico Pérez, Menchu..."

"La personalidad del creador tiene a menudo más influencia que el tema o el ambiente. En algunas novelas, la época y los motivos cuentan menos que otras cosas. En El hereje, a fin de cuentas, relato, como otras veces, la historia de un perdedor. Esto, creo, está por encima de los siglos, está por encima del tiempo. Un perdedor de hace cinco siglos se parece más de tejas abajo a un perdedor de nuestro tiempo que el Cecilio Rubes de Mi idolatrado hijo Sisí a Lorenzo, el jubilado que más o menos pertenecen a una misma época."

" El novelista se va haciendo, se va formando en cada obra, técnicamente va ganando batallas, pero, al propio tiempo, su pluma enajena frescura, renuncia a la expresión fácil y directa del pensamiento: en una palabra acrece su laboriosidad, se esfuerza más. Por un lado se gana pero por otro se pierde."

Y si queréis conocer un poco más a este gran narrador, pasad por aquí: Especial Miguel Delibes 1920 - 2010

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Mi relación con Delibes

Dentro de la iniciativa de Tatty e Inés, "Descubriendo a Delibes", había que hacer una entrada vinculada al autor, pero no se precisaba cuál tenía que ser su contenido. Se dejaba a la imaginación... Y mi imaginación precisamente no se caracteriza por su abundancia, así que llevo ya tiempo comiéndome la cabeza sin saber qué hacer en esta entrada. 

Y no voy a ser muy original. Al final he decidido hablar de mi relación con este autor. Porque no es un autor al que esté descubriendo ahora. Lo descubrí hace años. Y no tuve buenos inicios precisamente. Tendría 16 años cuando quise empezar Cinco horas con Mario. Tenía curiosidad por ese libro del que mi hermano tenía que hacer un trabajo y del que no paraba de protestar diciendo que era muy aburrido... Tengo que admitir que me aburrí también. Lo dejé apenas leída las primeras páginas. 

Tuvo que pasar bastante años para animarme de nuevo con el autor. Estaba ya estudiando la carrera cuando una amiga no paraba de recomendarme una pequeña novela suya, El camino. Me dejé convencer fácilmente, sobre todo cuando ví las poquitas páginas que forman este libro. Y esta vez sí. Me enamoré de este libro. Dos veces seguidas lo leí, porque cuando lo terminas sabe a poco. Necesitas más. Me conquistó totalmente Delibes en esta ocasión con este pequeño retrato de la vida de un pequeño pueblo y sus gentes. Disfruté conociendo a Daniel el Mochuelo, quien, antes de marcharse a la ciudad para estudiar Bachillerato, recuerda toda su niñez en el pueblo. Me reí mucho con la caracterización de muchos de los personajes, que en muchas ocasiones se acercaba a lo caricaturesco. Y empecé a admirar a Delibes por el dominio que mostraba plasmando el habla coloquial de la gente. 


Animada por esta lectura, volví a intentarlo y retomé ese diálogo de Carmen Sotillo con el cadáver de su marido. Y este sí fue el momento de su lectura. Lo disfruté enormemente. ¡Qué pena llegué a sentir por el pobre difunto!








Luego llegó Los Santos Inocentes, para mí, su gran novela. Imposible no disfrutar con esta desgarradora historia que no es sino una feroz crítica contra las clases privilegiadas que explotan y pisotean  a los humildes. Hay tanta ternura en sus páginas, ternura hacia esos personajes pisoteados que aceptan de forma resignada su destino...






Me sorprendió muchísimo Delibes con El hereje, un libro con el que cambia de registro completamente. Es una novela histórica que trata del proceso inquisitorial y el auto de fe de que fueron víctimas varios miembros de un círculo protestante vallisoletano en tiempos de Felipe II. Una historia ficticia, pero la ambientación está tan lograda, el modo en que lo plasma Delibes es tan realista, que nos hace plantear en muchas ocasiones si todo lo que nos está contando sucedió realmente. 





Y así de bien marchaba mi relación con Delibes hasta que volví a tropezar... La culpa la tuvo La sombra del ciprés es alargada. Y no es que la novela fuera mala. Más bien fue que no era el momento adecuado. Faltaban pocos días para mi boda y un párrafo de la novela me afectó de una manera... Si tengo que ser sincera, recuerdo poco hasta la trama. El párrafo me perseguía. Y no lo pongo aquí por si alguien tiene su boda cerca, que no quiero fastidiar a nadie. Pero si alguien tiene curiosidad, pinchad en la imagen del libro y podréis leerla. Pero estáis advertid@s...




Doce años he estado sin leer nada de Delibes. Hasta que ví el reto organizado por El Universo de los libros y La palabra pronunciada y me dije que ya era hora de retomar mi relación con el autor. En los primeros meses del año disfruté de los relatos que incluye en La mortaja y me reconcilié con él. Me volvió a conquistar con sus personajes, a los que crea con tanto mimo, con tanto cariño... Son tan reales... Y tengo aún tantos personajes suyos por conocer que mi historia con Delibes no se va a acabar aquí. Son muchas las novelas que aún tengo por descubrir.

domingo, 25 de agosto de 2013

Fragmento de La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes

"Las bodas no serían tan frecuentes ni se adornarían con detalles tan superfluos e insensatos si los novios pensasen en que un día uno de los novios ha de enterrar al otro.
Creo que esta verdad tremenda nos impresionó momentáneamente tanto a Alfredo como a mí. Nunca se me había ocurrido pensar en ella más que por su simplicidad y evidencia fueran aterradoras."

viernes, 14 de junio de 2013

La mortaja de Miguel Delibes

Por fin empiezo con el reto de Delibes propuesto por Tatty e Inés. Y lo hago con La mortaja, una colección de relatos escritos por el autor entre 1948 y 1963. En estos relatos podemos apreciar el germen de muchas de sus grandes novelas, de muchos de sus grandes personajes. Y es que ya empieza a destacar Delibes por el mimo, por el cariño, por el cuidado que tiene a la hora de crear y describir a sus protagonistas. Unos personajes perfectamente definidos, perfectamente perfilados, y, sobre todo, muy humanos. Y en estos relatos encontramos el estilo que ha caracterizado toda la obra de Delibes: sencillez. Siempre usa Delibes un lenguaje perfectamente asequible, lo que no quiere decir pobre. Su dominio del lenguaje, su maestría narrando y plasmando diálogos, se refleja en todos y cada uno de los relatos que componen este libro.

Compuesto por nueve relatos, el primero es el que le da título al libro, La mortaja. Con un protagonista, el Senderines, que nos recuerda mucho a Mochuelo, de El camino. Delibes nos muestra en este relato los temas que se van a convertir en una constante en su obra: la naturaleza, la infancia y la muerte. El Senderines tiene que enfrentarse a  la muerte por sorpresa de su padre, el único familiar que le queda. Y se encontrará solo, sin más nadie. Saldrá a buscar ayuda en el pueblo, pero nadie acudirá. Y sentirá temor por tener que velar el cuerpo de su padre, solo, toda la noche. Finalmente un hombre vendrá, aunque movido por el interés. Pondrá precio a su compañía y ayuda esa noche. Y en esa noche, Senderines crecerá. Dejará de ser un niño para pasar al mundo adulto. La soledad, el rechazo de los demás, la muerte... Todo hará que crezca rápidamente. Imposible no sentir pena por este niño desvalido, que se encuentra solo en un momento tan dramático y que es capaz de darlo todo por evitar esa soledad que tanto teme. 

El segundo relato, El amor propio de Juanito Osuna, se centra en el tema de la caza para hablarnos de uno de los grandes pecados del hombre: la envidia. Con ironía nos habla Delibes de la competición que se establece entre dos cazadores por ser quien más piezas se lleve en cada cacería. Intentando siempre fingir que no les importa las piezas que el otro consiga, pero siempre atentos.

En Patio de vecindad nos encontramos con un profesor jubilado. Un hombre tímido en el contacto directo, pero capaz de comunicarse relajadamente a través de las ondas, como radioaficionado. Y así empezará un día una relación especial con una viuda de Valladolid que vive en Cuba. Y a partir de ese momento, siempre se encontrarán a la misma hora, todos los días, sin faltar ninguno. Hasta que ella falta a su cita...

El sol es, por su estructura, uno de los relatos más peculiares de todo el libro. Aquí el autor nos muestra las claras diferencias entre la clase obrera y la clase burguesa. Y lo hace narrando dos escenas diferentes, aunque comparte situaciones parecidas y hasta los personajes de las dos escenas comparten nombres. Y si en la primera escena aparece una mujer  que no desea que el sol se note en su piel y se tapa con un pañuelo, para que no delate su condición de mujer trabajadora; en la segunda, la mujer protagonista, perteneciente a la clase ociosa, está deseando conseguir ese moreno que queda "sencillamente genial". 

A estos relatos le siguen La fe, un relato que rebosa cariño y amor familiar y donde la religión está presente; El conejo, donde somos testigos de la reacción de unos niños ante la muerte (infancia y muerte vuelven a estar muy unidas); La perra, donde Delibes vuelve a uno de sus temas favoritos, la caza, y nos deja una escena final tristísima; o Las visiones, que nos recuerda mucho al monólogo de Cinco horas con Mario.

Sobresale Navidad sin ambiente en estos últimos relatos. Nos sitúa Delibes en una cena navideña. Pero donde debería haber alegría, solo hay tristeza. El fallecimiento de la madre está aún reciente y todas las conversaciones, todos los gestos revelan cuánto la echan de menos. No consiguen el ambiente de otros años  y se echan la culpa unos a otros, cuando la causa no es otra que el dolor que aún sienten por la ausencia de la madre. 

No sé si soy objetiva con este autor, porque hasta ahora todo lo que he leído de él me ha gustado. Me gusta su forma de contar historias, natural, sin grandes artificios. Me gustan sus historias, sencillas, cercanas. Tengo debilidad por sus personajes, que siempre consiguen emocionarme. Y todo esto lo he vuelto a encontrar en este libro de relatos. Así que los he disfrutado muchísimo. Si os gusta el autor, os recomiendo este libro. Y si aún no os habéis estrenado con él, es un buen libro para empezar a conocerle.