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viernes, 9 de diciembre de 2022

Minireseñas: Hôzuki, la librería de Mitsuko de Aki Shimazaki y Lo que queda del día de Kazuo Ishiguro


Hôzuki, la librería de Mitsuko

Aki Shimazaki

Traducción: Iñigo Jáuregui

Editorial Nórdica, 2018

Mitsuko tiene una librería de lance especializada en obras filosóficas. Allí pasa los días serenamente con su madre y Tarô, su hijo sordomudo. Cada viernes por la noche, sin embargo, se convierte en camarera en un bar de alterne de alta gama. Este trabajo le permite asegurarse su independencia económica, y aprecia sus charlas con los intelectuales que frecuentan el establecimiento.
Un día, una mujer distinguida entra a la tienda acompañada por su hija pequeña. Los niños se sienten inmediatamente atraídos entre ellos. Ante la insistencia de la señora y por complacer a Tarô, a pesar de que normalmente evita hacer amistades, Mitsuko aceptará volver a verlos. Este encuentro podría poner en peligro el equilibrio de su familia.
Aki Shimazaki sondea aquí la naturaleza del amor maternal. Con gran sutileza, cuestiona la fibra y la fuerza de los lazos.

Este es de esos libros en los que es mejor no contar mucho, porque se puede revelar demasiado, quitándole mucho encanto a la historia. Lo mejor es no saber mucho de sus personajes, pocos y muy bien retratados, e ir conociéndolos poco a poco. Y saber de todas las vicisitudes de su vida. 

Se lee fácil. Con un estilo delicado, la autora te va envolviendo, te atrapa y te sumerge en la lectura sin apenas darte cuenta. 

Son muchos los temas que trata y sobre los que nos hace reflexionar: la maternidad, la filosofía y la religión, las consecuencias de nuestros actos, de nuestras decisiones...

Lo único que no me ha convencido es el final, un poco difícil de aceptar. Sí, piensas que las casualidades existen, pero en esta ocasión, cuesta mucho creérselo. 

Y pese a ese pequeño pero, una novela deliciosa que he disfrutado mucho. 

Lo que queda del día

Kazuo Ishiguro

Traducción: Ángel Luis Hernández Francés

Editorial Orbis, 1997

Inglaterra julio de 1956. Stevens el narrador durante treinta años ha sido mayordomo de Darlington Hall. Lord Darlington murió hace tres años y la propiedad pertenece ahora a un norteamericano. El mayordomo por primera vez en su vida hará un viaje. Su nuevo patrón regresará por unas semanas a su paí­s y le ha ofrecido al mayordomo su coche que fuera de Lord Darlington para que disfrute de unas vacaciones. Y Stevens en el antiguo lento y señorial auto de sus patrones cruzará durante dí­as Inglaterra rumbo a Weymouth donde vive la señora Benn antigua ama de llaves de Darlington Hall. Y jornada a jornada Ishiguro desplegará ante el lector una novela perfecta de luces y claroscuros de máscaras que apenas se deslizan para desvelar una realidad mucho más amarga que los amables paisajes que el mayordomo deja atrás. Porque Stevens averigua que Lord Darlington fue un miembro de la clase dirigente inglesa que se dejó seducir por el fascismo y conspiró activamente para conseguir una alianza entre Inglaterra y Alemania. Y descubre y también el lector que, ¿hay algo peor incluso que haber servido a un hombre indigno?

Una absoluta delicia. Había visto la película, hace ya algún tiempo, y me gustó mucho. Y pese a conocer la historia, he disfrutado aún más con su lectura. Maravillosa la forma en que Ishiguro nos hace conocer a Steven, el estricto mayordomo británico, a través de la primera persona. Así, lo conocemos a través de sus memorias, de sus recuerdos, contados por él mismo. Mejor, imposible. En ese pequeño viaje que realiza para reencontrarse con la ahora señora Benn, empieza a recordar los días que ella estuvo trabajando como ama de llaves y trastocaba ese mundo ordenado y rígido que a él tanto le gustaba. Un mundo en el solo cabe el deber, la lealtad, la dignidad. En el que no hay espacio para las emociones. Porque las emociones suponen un obstáculo en su trabajo, así que es mejor ignorarlas. Y las ignora sin apenas darse cuenta, tan enfrascado como está en cumplir con su trabajo a la perfección. Su vida no tiene otro cometido, otro fin. ¿Llegará a darse cuenta en algún momento de todo lo que ha perdido? Lo dicho, una absoluta maravilla.