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miércoles, 25 de septiembre de 2013

La mujer de papel de Rabih Alameddine

La mujer de papel
Rabih Alameddine
Trad: Gemma Rovira Ortega
Lumen, 2012
 Tras el éxito de El contador de historias, Rabih Alameddine vuelve a triunfar con esta magnífica novela titulada La mujer de papel, que desde las primeras páginas nos traslada a un viejo apartamento de Beirut. Ahí encontraremos a Aaliya, una mujer de unos setenta años, con el pelo teñido de azul y una historia que contar

La señora habla de su vida, pero qué vida.. Años y años dedicados a leer los mejores libros y a traducirlos, mientras en las calles de Beirut caían las bombas y retumbaban los ecos de una guerra que convirtió a muchos jóvenes pacíficos en espías y matones, obligando a una mujer sola a dormir con un rifle al lado de la cama para defenderse de los ataques imprevistos

Somos lo que leemos, dijo un sabio, y Aaliya es eso: un ser adorable, hecho de papel y sin embargo vivo, con un sentido del humor muy peculiar, que se resguarda de todo y de todos a la sombra de una vieja chaqueta de lana y de la buena literatura, buscando en los libros el amor que su familia no supo darle.


Entrar en casa de Aaliya, estar ahí con ella y con sus vecinas, compartir su miedo y su valor, es una experiencia intensa que nos acerca a las mujeres que hoy mismo están viviendo las revueltas de la primavera árabe, y muestra una vez más el talento de Rabih Alameddine, un autor que nos devuelve el placer de leer


Llevaba tiempo este libro entre mis pendientes pero son tantos que me estaba resultando difícil hacerle hueco. Pero la deliciosa reseña que Marilú realizó en su blog hizo que La mujer de papel se saltará muchos de los libros que tenía por delante y pasase a ocupar los primeros puestos. 

Y leer este libro ha sido todo un acierto. Lo he disfrutado al máximo. Ya las primeras palabras del libro captaron toda mi atención:
"Podríamos decir que cuando me teñí el pelo de azul estaba pensando en otras cosas, y dos copas de vino tinto no mejoraban mi concentración".

Sólo con este inicio, ya sabía que me iba a enamorar de Aaliya, la indiscutible protagonista de esta novela. Muy difícil de olvidar este personaje porque el cariño que se le toma es bien grande. Por su forma de ser, por su forma de pensar, por su forma de amar los libros, por su forma de vivirlos...  Por su forma de dirigirse a nosotr@s, los lectores,  y contarnos su vida. Se desnuda este personaje ante nuestros ojos, a través de sus reflexiones, a través de sus divagaciones. Como si estuviera hablando con nosotr@s, Aaliya empieza una historia y termina con otra. ¿Cuántas veces no nos ha pasado esto cuando charlamos con una amiga? Las ideas bullen en su cabeza, quiere contarnos tantas cosas que le es imposible seguir un orden. Y así, a pedacitos, nos enteramos de la dura vida que ha llevado esta mujer. Conocemos de su fallido matrimonio, de su mala relación con su familia, conocemos de su soledad, su única compañía en los últimos cincuenta años... Una soledad buscada y ansiada. Incluso en los difíciles años de la guerra, estuvo sola. Y el tiempo pasa y su necesidad de soledad cada vez es mayor. Su único refugio es la literatura. Sus únicos amigos son los libros. Libros que llega a traducir a su lengua y que los conserva en su casa como verdaderos tesoros. No hay en ella deseos de publicarlos, deseos de que su obra sea leída. Y por sus manos pasan grandes autores, grandes obras. Y no se limita el autor a nombrarlos. Habla de ellos con un conocimiento que llega a acomplejarnos.

Pero no solo de libros se alimenta este libro, valga la redundancia. Entre sus reflexiones Aaliya aprovecha para criticar la guerra que destrozó su país, sin ponerse a favor de ningún bando, o para criticar la sociedad que la obligó a aceptar un matrimonio que no quería. Y lo hace empleando en ocasiones, un cierto toque de humor, de ironía, de cinismo, que nos arranca, más de una vez, una sonrisa.

Por todo lo dicho, se podría pensar que se trata de una lectura densa, difícil de leer. Pero no es así, o al menos no lo ha sido en mi caso. Me ha gustado Aaliya. Me ha gustado ir conociéndola página a página. Y si no lo he leído más rápido ha sido porque no quería desprenderme de ella. He degustado este libro lentamente, para así poder acompañarla más tiempo. Porque sabía que cuando cerrara las páginas de este libro, iba a echarla de menos. Y así ha sido...