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martes, 17 de septiembre de 2024

Repasando agosto (primera parte)

 

El matarife

Sándor Márai

Traducido por Mária Szijj y José Miguel González Trevejo

Salamandra, 2022

En El matarife, Sándor Márai -uno de los grandes escritores del siglo XX- reflexiona con brillantez y hondura hasta que punto un ser humano puede modificar su propia naturaleza sometido a los estragos de una guerra despiadada y cruel.

El indolente Otto Schwarz es un ejemplo escalofriante de abyección salvaje: para el, matar animales en un desolladero berlines o soldados enemigos en el frente no supone una gran diferencia, sino una suerte de vocación. Sándor Márai ha sabido concentrar en un solo personaje el irreprimible trastorno psíquico que condujo a la Primera Guerra Mundial, con la irónica distancia y la fría concisión de un cronista, como algo perteneciente a una nueva y aterradora normalidad de la que es imposible salir indemne.

Primera novela escrita por Sándor Márai y ya en ella demostró el autor todas las virtudes de las que hizo gala en todas sus novelas posteriores. 

Con un personaje que está bien trazado y que no deja indiferente desde su primera aparición, el autor crea una historia en la que la violencia domina de principio a fin. Conocemos a Otto desde su niñez y ya percibimos que no es un niño como los demás. Carente de sentimientos, sólo encuentra placer en la violencia. Ya nos podemos dar cuenta de que va a ser un niño conflictivo, con serios problemas. Problemas que arrastrará también de adulto. Encontrará el trabajo más idóneo para él, ser matarife en el matadero de la ciudad. Y cuando la guerra empiece, para él no supondrá problema alguno tener que matar a sus enemigos, a los que ve como simples animales. El problema, para él, cuando acabe la guerra no serán los remordimientos. Será que su deseo de matar no se ha calmado. 

Es en el desenlace donde me ha fallado un poco la novela. Un tanto precipitado, contando en muy pocas páginas como fue la vida de Otto en sus últimos años. Me hubiera gustado un mayor desarrollo. 


La matanza de Rechnitz

Sacha Batthyany

Traducido por Fernando Aramburu

Seix Barral, 2017

Una exploración de un pasado histórico que nos define como individuos en el presente.

En la noche del 24 al 25 de marzo de 1945, Margit von Thyssen y su marido, el conde húngaro Ivan Batthyány, invitaron a su castillo a los jefes locales del partido nazi, a miembros de la policía política, de la Gestapo, de las SS y de las Juventudes Hitlerianas. Una de las diversiones de esa velada fue matar a doscientos judíos. Tras conocer ese suceso, Sacha Batthyany, sobrino-nieto de la protagonista, guiado por el diario de su abuela, empieza una investigación que le llevará a través de Europa y hasta Sudamérica y le hará reflexionar sobre el pasado, el presente, su familia y él mismo. ¿Nuestros antepasados definen quiénes somos? 


Tiene que desconcertar mucho enterarte de mayor que esa tía a la que ibas a visitar cuando eras un niño fue la organizadora de una terrible masacre. Este es el punto de partida de este ensayo. Y este fue el motivo por el que me acerqué a este libro. Pero ahí se va a quedar, no va a profundizar mucho en este hecho. No vamos a saber más nada de ese terrible momento. 

Lo que sí hará el autor es aprovechar para investigar sobre sus orígenes, para investigar a su familia y saber cuál fue su comportamiento en los años de la guerra y en los posteriores. Reflexionando sobre cada acto cometido... y, sobre cada acto no cometido también, igual o más importantes que los primeros. Preguntándose si todo lo que pasó en ese momento puede seguir condicionando su presente. Si puede seguir siendo juzgado por lo que hicieron sus padres, sus abuelos, sus tíos... Si tiene que sentirse culpable por lo que sus antepasados hicieron. 

No era el libro que me esperaba pero aún así lo he disfrutado. Es de esos libros que necesitar parar y contestar a todas las preguntas que se te van pasando por la cabeza a medida que vas leyendo. 

Maddi y las fronteras

Edurne Portela

Galaxia Gutenberg, 2023

Una tarde de otoño de 2021 Edurne Portela recibe una llamada en la que le ofrecen una serie de documentos históricos relacionados con María Josefa Sansberro, conocida como Maddi, nacida en Oiartzun en 1895 y que regentó un hotel muy popular en los años treinta del siglo XX a los pies del monte Larrún, en la frontera entre España y Francia. A primera vista, Maddi ya se revela como una mujer inquietante y llena de contradicciones, que ha traspasado muchas fronteras tanto físicas como morales: contrabandista y mugalari, ferviente católica y divorciada, mujer sin hijos y madre, servidora de los nazis y agente de la Resistencia. La autora acepta el reto de meterse de lleno en esos documentos y, desde ahí, imaginar a Maddi: su voz y su mirada, sus deseos y anhelos, sus motivos y razones, sus afectos. Así se escribe Maddi y las fronteras, una novela sobre una mujer que no se ajustó a las convenciones de su época, que cruzó todas las líneas rojas, una mujer que hizo lo que nadie esperaba de ella.

Edurne Portela escribió esta novela a partir de unos documentos que recibió sobre la vida de María Josefa Sansberro, una mujer que nos va a sorprender por su entereza, por su fuerza, por su valentía, por su coraje. Una mujer que no dudará a la hora de ayudar, primero a los que huían del régimen franquista, luego a los judíos, arriesgando su propia vida en más de una ocasión. 

Una personalidad compleja la de esta mujer, sobre todo para los años que le tocó vivir. Católica, aunque recelaba del clero, le dolía no poder recibir la comunión por su condición de divorciada; obligada a convertirse en madre adoptiva, aunque ella dudaba mucho de sus sentimientos maternales, de los que siempre decía que carecía; sin una ideología clara, pero entregándose en cuerpo y alma a la lucha antifascista.

Un personaje fascinante sobre el que Edurne Portela nos va a regalar una novela magnífica, en la que nos cuesta distinguir la realidad de la ficción, pero no nos importa. Consigue que nos metamos de lleno en la novela, que conozcamos a Maddie y que suframos mucho por ella. Y con un final que nos sobrecoge, que nos duele, que no se olvida. 

martes, 21 de noviembre de 2023

Lo que no quise decir de Sándor Márai


Lo que no quise decir

Sándor Márai

Traducido por Mária Szijj y José González Trevejo

Salamandra, 2016

Una entrada del diario de Márai de 1949 permitió confirmar a los especialistas del museo Petófi de Budapest lo que ya sospecharon cuando, entre el material del legado literario recibido en 1997, encontraron unos capítulos inéditos que, por deseo del propio Sándor Márai, se habían excluido de la tercera parte deConfesiones de un burgués, editada en Toronto en 1971 con el título¡Tierra, tierra!

Así, estos textos inéditos constituyen una parte crucial de la autobiografía de Márai puesto que giran en torno a dos fechas capitales: el 12 de marzo de 1938, cuando la Alemania nazi se anexionó Austria, y el 31 de agosto de 1948, cuando el gran autor húngaro, acompañado de su esposa y su hijo, abandonó su país, entonces ya un satélite de la Unión Soviética. «En aquellos diez años dejó de existir toda una forma de vida y toda una cultura», escribe.

Combinando la confesión íntima con el análisis histórico, Sándor Márai evoca ese período crucial para Hungría y sondea una sociedad que se debate entre el deseo de independencia y los sueños de grandeza nacional, y que acabaría al servicio de la Alemania nazi.

Este libro, una verdadera denuncia del fascismo y la barbarie, descubre a un humanista comprometido, un hombre consecuente que desea para su país una vía alternativa a la del estado totalitario. Obra de profunda integridad intelectual,Lo que no quise decir es el testimonio excepcional de uno de los grandes escritores europeos de siglo XX.

Desencanto, dolor, tristeza... Todo esto se percibe en este magnífico ensayo de Márai, a causa, sobre todo, de la pérdida de los valores culturales de la burguesía húngara a la que pertenecía. Una pérdida que empezó a notarse tras la firma del Tratado de Trianón tras la Primera Guerra Mundial, en el que Hungría fue una de las grandes perdedoras. Márai no sólo crítica a sus compatriotas, sino también a sí mismo, por la poca importancia que le dio en su momento al acercamiento de su gobierno a la Alemania nazi. Nadie supo ver el peligro. Y tras los nazis, llegaron los comunistas, régimen que tampoco se libra de las críticas de Márai, porque la libertad seguía faltando en su país, por el poco respecto a su cultura, a sus tradiciones, a su gente.  Y todo sucedió en tan sólo diez años. La tristeza de Márai se refleja bien en estos fragmentos. 

“En aquellos diez años  dejó de existir toda una vida y toda una cultura”.

“En aquellos años perdí casi todo lo que antes había dado contenido, marco y sentido a mi vida: a gran parte de mis conocidos, a la mayoría de mis amigos, a mi forma de vida, mi puesto de trabajo, perdí mi hogar, el sentido de mi trabajo y, finalmente, perdí mi patria”. 

“La filosofía humanista, en cuya cultura y forma de vida había crecido, con cuyo legado moral e intelectual me identificaba y de la que nunca podría renegar, era el enemigo público número uno a ojos de los portavoces de los sistemas totalitarios”.




miércoles, 2 de septiembre de 2015

Divorcio en Buda de Sándor Márai


Divorcio en Buda
Sándor Márai
Ediciones Salamandra, 2002
El último expediente llegado a la mesa de trabajo de Kristóf Kömives, juez en la Budapest de entreguerras, es el divorcio de los Greiner. Un caso más, excepto que el nombre de soltera de la mujer, Anna Fazekas, hace perder al magistrado su inmutable serenidad. El alegre desparpajo de la juventud, un paseo por el lago, una mirada arrebatadora: la evocación de aquellos instantes fugaces son suficientes para perturbar, después de tantos años, el aparente sosiego de su intachable vida burguesa. Y cuando el señor Greiner se presenta en su casa con la noticia del suicidio de su mujer, Kristóf no puede resistirse al aluvión de sentimientos encontrados que inundan su espíritu. Durante el transcurso de una noche, Kristóf asumirá el doble papel de acusado y testigo de la confesión de Greiner, que al desgranar la historia de su matrimonio pondrá de relieve el abismo que separa a los dos hombres; por un lado, el burgués que renunció a la emoción de lo desconocido para perpetuar los sólidos valores de una clase social asentada y satisfecha de sí misma, y por otro, el joven advenedizo que por conquistar una mujer que le estaba vedada se entregó a una existencia erigida sobre la impostura y encorsetada en unos cánones ajenos a su persona. Así pues, con el inminente estallido de la guerra más devastadora que ha conocido la Humanidad como telón de fondo, el azar les otorga la ocasión de reflexionar acerca de aquellas vivencias y sentimientos que nunca habían sido capaces de compartir con nadie, y redimir en parte, si acaso, los errores que les condujeron a la situación actual.

Sándor Márai vuelve a demostrarme con esta novela que es un auténtico maestro de las palabras. Leerle es un auténtico placer, un auténtico disfrute para los sentidos. Aunque es justo reconocer el trabajo realizado por la traductora, Judit Xantus, quien realiza un trabajo magnífico.

Es una novela para disfrutarla con lentitud. No hay un ritmo vertiginoso en su historia. Son sus palabras las que nos atrapan, las que nos seducen, las que nos hacen seguir leyendo e incluso retroceder en la lectura para volver a disfrutarla. 
Y de repente comprende: la guerra empieza cuando los seres humanos, en todo el mundo, están sentados en sus casas, hablando de sus preocupaciones diarias, y de pronto alguien pronuncia la palabra "guerra". Los demás entonces no pueden callar, no pueden mirar en silencio al vacío, aterrados, sino que se ven obligados a responder con naturalidad, repitiendo la palabra "guerra". Y se ponen a hablar de la guerra, de si es posible y de cómo será, y dónde, y cuándo. Así es como empieza la guerra. Kristóf lo comprende de golpe. En algún lugar lejano, en un lugar invisible, estalla la guerra; por descontado, primera estalla en el alma de los seres humanos, y para cuando se manifiesta en los campos de batalla, en los muertos, los heridos, los cañones, las casas en ruinas y las columnas de humo, la gente ya se ha acostumbrado a ella.
El protagonista, Kristóf Kömives, de cuarenta años, es un juez, hijo y nieto de jueces. Ha hecho siempre lo que se ha esperado de él. Incluso ha contraído el matrimonio que se esperaba de él. Y lleva la vida que se espera de él. Nunca apartándose de las normas, de las convenciones sociales. Absolutamente perfecto, absolutamente intachable. Así es su vida. Hasta que un día llega a su despacho el proceso de divorcio del matrimonio Greiner. Conoce al marido, quien fue compañero suyo de colegio. Pero recuerda más a la mujer, a la que conoció cuando aún era soltera. Con ella compartió varias conversaciones y algún baile. Le dejó huella. Pero ni siquiera esto va a impedir que él actúe con imparcialidad y objetividad. Es lo que se espera de él y es lo que va a hacer.

Pero el día antes del juicio, por la noche, al volver a su casa tras un paseo con su mujer, lo espera el señor Greiner. No son horas de visita. Ya está rompiendo una regla, algo que incomoda a Kristóf. Pero la educación de éste le impide echarle. El señor Greiner necesita hablar con él. Necesita hablar de su matrimonio fallido. Y le resume durante esa noche, de forma sutil,  sus ocho años de matrimonio.
Ella me ama... Sí, me ama. A su manera, como se suele decir. ¿Y cuál es su manera? Pues incondicional, lo sé muy bien, absolutamente incondicional. Anna no se permite concesiones. ¿Qué significa "amar"? Durante años he pensado que significa conocer a la otra persona... conocerla perfectamente, con todos sus secretos; conocer cada rincón de su cuerpo, cada reflejo; conocer a fondo su alma, cada una de sus emociones... Quizá sea eso, quizá conocer sea lo mismo que amar. Pero eso sólo es una teoría. Después de todo, ¿qué quiere decir "conocer"? ¿Cuánto se puede conocer a un ser humano? ¿Hasta dónde se puede seguir a un alma desconocida? ¿Hasta sus sueños? ¿Y luego adónde? No se puede acompañar a nadie a su inconsciente. Ni siquiera es necesario esperar a que ella cierre los ojos, se despida de mí y se retire a ese otro mundo, al mundo que llamanos de la noche... Porque existen dos mundos y uno está más allá del espacio conocido en el que vivimos, y quizá en ese otro mundo vivamos de manera más real que en el espacio y en el tiempo... Ahora ya sé con certeza que hay otro lugar que es sólo nuestro, la propiedad privada de cada uno...
Se desnudará ante Kristóf. No dejará nada sin decir. Se confesará culpable del asesinato de su mujer. Irá desvelando lentamente los problemas de su matrimonio con precisas reflexiones. La tensión irá aumentando lentamente. 
¿Quién sería capaz de fijar, de fotografiar, de definir con seguridad el instante en que algo se ha roto entre dos personas? ¿Cuándo ha sucedido? ¿Por la noche, cuando dormía? ¿Al mediodía, durante la comida?  ¿Hace un momento, cuando he entrado en la consulta? ¿O hace tiempo, mucho tiempo, y no llegamos a advertirlo? Desde entonces seguimos viviendo, charlando, besándonos, durmiendo juntos, buscando la mano del otro, su mirada, como marionetas que siguen funcionando durante una temporada aunque parte de su mecanismo esté roto... (...) ¿Qué focos debe encender para encontrar en ese oscuro laberinto el momento, el instante preciso en que algo termina entre dos personas? ¡Pero si no ha ocurrido nada en absoluto!
Pero llegará un momento en que Kristóf pase de ser un mero oyente a estar en el banquillo de los acusados. Porque la confesión del señor Greiner, paulatinamente, va a convertirse en acusación. Porque en este drama, todos tienen su parte de culpa, incluida la propia señora Greiner. 
Tuve que abandonarla, tuve que dejarla a solas con su destino. Tarde o temprano nos vemos obligados a abandonar a todo el mundo a su suerte. No hay cosa más difícil en este mundo que ayudar a alguien. Ves únicamente que una persona que quieres o que es importante para ti se dirige a un precipicio, que actúa en contra de sus intereses, que se vuelve loca o triste, que se atormenta, que no puede más, que esta a punto de caerse..., y tú corres hacia ella, te gustaría ayudarla y de golpe te das cuenta de que no es posible. ¿Acaso eres débil? ¿No sirves para ello? ¿No eres lo bastante bueno, lo bastante sincero, lo bastante abnegado, apasionado y humilde? Claro, nunca somos lo bastante...Pero aunque fueras un profeta con poderes sobrenaturales y hablaras el idioma de los apóstoles, tampoco bastaría...No se puede ayudar a nadie porque el "interés" de los hombres no es lo mismo que lo que es bueno o es lógico. Quizá necesitemos el dolor. Quizá necesitemos aquello que, según todos los síntomas, es contrario a nuestros intereses.

jueves, 16 de febrero de 2012

La mujer justa de Sándor Márai

  “Sólo obtienes algo de los libros si eres capaz de poner algo tuyo en lo que estás leyendo. Quiero decir qué sólo si te aproximas al libro con el ánimo dispuesto a herir o ser herido en el duelo de la lectura, a polemizar, a convencer y ser convencido, y luego, una vez enriquecido con lo que has aprendido, a emplearlo a construir algo en la vida o en el trabajo.”
 
“El amor existe o no existe. ¿Qué más hay que saber?¿En qué se convierte el sentimiento humano cuándo detrás de él hay la intención y la conciencia? ¿Sabes?, cuando uno se va haciendo viejo se va dando cuenta de que todo es diferente de lo que pensaba; hay que ser mañoso en todo, hay que aprenderlo todo, incluso a amar.”


 

Buscaba leer algo de este autor, uno de mis grandes descubrimientos el año pasado. Y entre las obras que aún me quedan por descubrir, la sinopsis de este libro me atrapó. Sentí curiosidad por ver cómo Sándor narra de forma diferente una  misma historia de amor. . Porque siempre es la misma historia de amor, pero desde tres perspectivas distintas. Y aunque a primera vista pueda esta trama parecer aburrida por repetitiva, no lo es. El dominio que Márai vuelve a mostrar de las técnicas  narrativas es prodigioso. Usando el monólogo, de forma increíble nos cuenta tres historias diferentes siendo siempre la misma historia. Y  siendo siempre los mismos personajes, son tan distintos en todas y cada una de las historias. Porque en esta trágica historia de amor, no hay buenos ni malos. Hay seres humanos. Que unas veces aciertan, otras se equivocan, pero todos buscan lo mismo: la felicidad. Y huir de la soledad. Una soledad que no tiene nada ver con estar acompañado. Una soledad del alma.
"Porque la soledad también es una especie de enfermedad, mejor dicho, un estado en el que nos acomodamos, una condición que transforma al hombre en un animal disecado en una vitrina."

"Las personas felices no tienen títulos, no hacen distinciones de rango, no reconocen ni pretenden ningún papel inútil en el seno de la sociedad."


Y de fondo, Márai nos vuelve a hacer un fiel retrato de la burguesía en la mitad del siglo XX en Hungría, un país destrozado por la guerra. Una burguesía que ve como su final se aproxima. Y la cultura también tiene su protagonismo en este mundo que nos describe Márai. Y es en la figura de Lázar, un escritor que, a primera vista, no forma parte de ese triángulo amoroso. Pero que tiene mucha influencia en él. Y quizás Lázar no sea sino un reflejo del propio autor. Lázar, un escritor a simple vista, soberbio, creído, pero que luego vamos conociendo. Y conocemos su miedo, su frustración, por los sucesos que está viviendo: el fin de una época, las guerras, el fin de la cultura... Y esto último tiene su clímax cuando la biblioteca de Lázar es bombardeada. La carga simbólica de esta imagen es plena. La decepción que siente Lázar ante lo que está sucediendo, ante el ser humano supuestamente civilizado...

Pero volvamos al triángulo amoroso. Porque a fin de cuentas, esta parte trágica de la historia de Budapest sólo sirve como telón de fondo. La primera mujer, quien, aunque fue abandonada por su marido, aún lo ama. E incluso, durante los años de matrimonio, conociendo la infidelidad de su marido, luchó por mantenerlo a su lado.
Luego tenemos al marido, un burgués. Un hombre que intenta en todo momento cumplir con lo que a un hombre de su clase se le pide. Enamorado no de su esposa, sino de alguien inferior en clase a él. Pero en  su momento no tuvo el valor de hacer lo adecuado. Y cuando por fin se casa con el amor de su vida, éste no parece ser lo  que él esperaba.
Y la sirvienta, la segunda esposa, que nos revela esa otra parte de la historia. Y lo hace sin ningún tipo de tapujos.

Los tres sueltan ese monólogo a una persona que nunca se manifiesta: una amiga, un conocido y un amante. Así parece que en todo momento es a nosotros a quienes nos está contando su historia. Y esta confesión hace que nuestros sentimientos hacia los personajes vayan cambiando: los compadecemos, los comprendemos, los odiamos... Porque son humanos. Cada uno tiene su propia voz, su propio estilo. Cada uno de ellos nos ofrece su punto de vista, su opinión sobre una historia de amor que no tuvo un final feliz para ninguno. Porque todos buscaban a la persona justa, una persona que llenara su vida, que les aportara todo lo que ellos querían. Que les diera plena felicidad. Acertada es, en este sentido, la reflexión de la primera esposa:

"...Un día me incorporé en la cama y sonreí. Ya no sentía dolor. Y de golpe comprendí que la persona justa no existe. Ni en el cielo ni en la tierra, ni en ningún otro lugar. Simplemente hay personas, y en cada una hay una pizca de la persona justa, pero ninguna tiene todo lo que esperamos y deseamos. Ninguna reúne todos los requisitos, no existe esa figura única, particular, maravillosa e insustituible que nos hará felices. Sólo hay personas. Y en cada una hay siempre un poco de todo, es a la vez escoria y un rayo de luz ... sin duda es cierto que no existe la persona justa y que las ilusiones se desvanecen, pero yo lo amo y eso es distinto. Cuando uno ama a alguien siempre se le sobresalta el corazón al verlo o al oir algo sobre él. En resumen, creo que todo pasa, menos el amor. Aunque eso no tiene ningún sentido práctico."

Magistral Sándor Márai de nuevo. 

Foto: http://www20.gencat.cat/docs/Palau_Robert/Noticies/any_2011/abril/imatges/marai250_3.jpg

viernes, 15 de abril de 2011

La herencia de Eszter de Sándor Márai

La herencia de Eszter recuerda en sus inicios a El último encuentro. En esta obra no van a ser dos ancianos los que se encuentren tras cuarenta años sin verse. Ahora será Eszter, una mujer en torno a los cuarenta años, quien recibe un telegrama anunciando la llegada de Lajos, el único hombre del que ha estado enamorada y a quien no ha visto desde hace por lo menos veinte años. 
Poco a poco, a través de las conversaciones y, sobre todo, de los recuerdos de Eszter, vamos descubriendo qué ocurrió hace veinte años. Y descubrimos a un Lajos encantador, divertido, halagador, pero al mismo tiempo, mentiroso, embaucador, egoísta. Y Eszter tiene la desdicha de caer enamorada de él, y parece que él de ella también. Pero termina casándose con su hermana, Vilma. Y es que Lajos, incomprensiblemente, es capaz de engañar  a todo el mundo. Toda la familia de Eszter se rinde ante sus encantos, y él sabe aprovecharse de todo el mundo. Y poco a poco, va gastando, dilapidando, la poca fortuna que la familia tenía. Y cuando Vilma muere, Lajos se marcha dejando a Eszter sóla, con la única compañía de la anciana Nunu. Sólo conserva su pequeña casa, su jardín... y la ilusión de que Lajos vuelva un día para estar con ella.
Y por fin ese regreso se produce. Lajos vuelve. Pero, ¿con qué fin? Cuando él regresa, parece que el tiempo no ha pasado y que todo sigue igual. Lajos tan encantador como siempre, tan abusón como siempre, y los demás, dejándose embaucar por Lajos... como siempre. Y es Eszter quien nos cuenta cómo es ese regreso. Nos cuenta todo lo que sucede. Y como es ella quien nos lo cuenta, somos testigos directos de su lucha interna. Sabe que Lajos quiere algo, sabe que trama algo, pero, ¿y si ha vuelto por ella? Aún le ama y aún tiene la ilusión de que él sólo ha regresado por ella. 

"Regresó a mi lado, me miró profundamente a los ojos. Estuvo callado durante un largo rato. Nos mirábamos, con los ojos medio cerrados, con atención y curiosidad. Su rostro reflejaba seriedad y devoción.
- Permíteme una pregunta, Eszter -me dijo en voz baja y seria-. Una sola pregunta.
Cerré los ojos, sentía sofoco, mareo. Ese mareo duró unos instantes, e hice un gesto con la mano para protegerme. "Ahora me va a hacer una pregunta -pensé-. Dios mío, me va a hacer una pregunta. ¿Qué me va a preguntar? ¿Quizás me pregunte por qué ocurrió todo? ¿Quizá me pregunte si fui yo la cobarde? ¡Le tengo que responder!" Suspiré y lo miré, preparada para responder.
-Dime, Eszter -me preguntó entonces en voz baja, con un tono de intimidad-, ¿sigue la casa libre de hipotecas?"

Y aquí se rompe la magia. A partir de este momento, cada vez que Lajos habla, ella se da cuenta de su verdadero carácter, ella sabe que la está engañando. Pero ahora ella se deja engañar. Sigue enamorada a pesar de todo. Y es que, tiene ya 45 años y ha estado 20 años esperando el regreso de Lajos. Y decirle ahora que no, significa reconocer que ha desperdiciado esos 20 años, significa que su vida no ha tenido sentido alguno. Decirle que no a Lajos significa quedarse con su casa, con su jardín, con Nunu a su lado... En cambio, decir que sí implica estar cerca de él, vivir cerca de él, pensar que él aún la ama. ¿Qué decidirá finalmente?


martes, 1 de marzo de 2011

El último encuentro de Sándor Márai

Un pequeño castillo de caza en Hungría, al pie de los Cárpatos donde alguna vez se celebraron elegantes veladas y cuyos salones decorados al estilo francés se llenaban de la música de Chopin, ha cambiado radicalmente de aspecto. El esplendor de antaño ya no existe, todo anuncia el final de una época. Dos hombres mayores, que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se citan a cenar tras cuarenta años sin verse. Uno ha pasado mucho tiempo en Extremo Oriente, el otro, en cambio, ha permanecido en su propiedad. Pero ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una fuerza singular. Todo converge en un duelo sin armas, aunque tal vez mucho más cruel, cuyo punto en común es el recuerdo imborrable de una mujer.

 Perfecto. Esta es la palabra que mejor define este libro. Desde la primera página hasta la última: perfecto. Es, en mi opinión, una pequeña obra maestra.

El autor se sirve de la novela para hacer un alegato a favor de la amistad. Las reflexiones que hace sobre ella son magníficas:

" Las relaciones basadas en la simpatía que he visto nacer y desarrollarse entre los seres humanos han terminado ahogándose invariablemente en los cenagales de la egolatría y de la vanidad. El compañerismo y la camaradería adquieren en ocasiones el aspecto de la amistad. Los intereses en común pueden producir situaciones humanas que se parecen a la amistad. También la soledad hace que las personas se refugien en relaciones más íntimas: al  final se arrepienten, aunque al principio crean que esa intimidad es ya una forma de amistad."

"Al igual que el enamorado, el amigo no espera ninguna recompensa por sus sentimientos".

"¿Qué valor tiene una amistad si sólo amamos en la otra persona sus virtudes, su fidelidad, su firmeza? ¿Qué valor tiene cualquier amor que busca una recompensa? ¿No sería obligatorio aceptar al amigo desleal de la misma manera que aceptados al abnegado y fiel?"

A través de todas estas reflexiones, no sólo de la amistad sino de la vida en general, Márai hace una descripción sublime de la naturaleza humana. 

Al leer la sinopsis de la obra parece que nos vamos a encontrar con el diálogo que van a mantener los dos protagonistas, Henrik y Konrad, pero realmente lo que encontramos es un monólogo. Es Henrik quien realmente habla mientras que Konrad sólo escucha, atento, con gestos de asombro o pesadumbre, según lo que Henrik esté diciendo. A veces habla, pero sus frases suelen ser cortas, casi monosilábicas. Es Henrik quien quiere saber la verdad, quien exige a Konrad que le diga cuál es su verdad. Porque fue Konrad quien huyó, huyó de un mundo que creyó él, no le pertenecía: porque eligió la vidad militar porque ese era el deseo de sus padres, porque su amor era la música y no podía dedicarse a ella, porque estaba enamorado de la mujer de su mejor amigo,... El sentimiento de culpabilidad también está presente en la obra, como podemos ver. 

Al estar la mayor parte del tiempo el protagonista hablando, nos encontramos con un relato en primera persona que parece estar dirigido a nosotros. Esto hace que sus palabras, sus reflexiones, nos impacten más. Es el relato de Henrik el que lleva todo el peso de la historia, pero, sorprendentemente, el  desenlace de la historia, depende de la respuesta de Konrad. Henrik nos va contando la historia, de forma lenta, pausada, desde el principio, dándonos todos los datos para que nosotros también valoremos. Para que nosotros también opinemos cuándo haga la pregunta final. Pero cuando este momento llega, la verdad es que ya lo que Konrad vaya a contestar no nos importa. Ni siquiera importa lo que nosotros pensemos. Ya Márai nos ha ofrecido páginas y páginas llenas de maravillosas reflexiones, ya él mismo ha dado su propia respuesta. Ya, todo lo demás, qué importa.

Para terminar, una última reflexión de esta genial obra: 

"La vida se vuelve casi interesante cuando ya has aprendido las mentiras de los demás, y empiezas a disfrutar observándolos, viendo que siempre dicen otra cosa de lo que piensan, de lo que quieren en verdad... Sí, un día llega la aceptación de la verdad, y eso significa la vejez y la muerte."