Cien años de soledad
Gabriel García Márquez,
Círculo de Lectores, 1995
"Quise sólo dejar una constancia poética del mundo de mi infancia que transcurrió en una casa grande, muy triste, con una hermana que comía tierra y una abuela que adivinaba el porvenir, y numerosos parientes de nombres iguales que nunca hicieron mucha distinción entre la felicidad y la demencia..."
Cien años de soledad no es una lectura fácil. Ya sólo abrirte paso en el lioso árbol genealógico de los Buendía tiene su dificultad. No pocas veces he tenido que ir para atrás para aclararme con qué Buendía me encontraba en ese momento. Pero merece muchísimo la pena disfrutar de este gran universo novelesco que el autor colombiano fue capaz de crear.
Asistimos al nacimiento de Macondo, de la mano de José Arcadio y su prima Úrsula, recién casados. Al principio es una aldea solitaria, lejos de todo, lejos de toda sociedad civilizada tal y como la conocemos. Pero luego entra en contacto con el mundo, conociendo sus adelantos, lo que le permite crecer y prosperar. Pero no sólo va a conocer lo bueno de la civilización. Y habrá una lucha de poderes que desencadenará una guerra civil. Y el establecimiento de una compañía bananera dará trabajo, pero también originará una serie de conflictos laborales que terminará con la muerte de los huelguistas. Cuando la empresa abandone la ciudad, Macondo volverá a quedarse aislada.
Pero esto que estoy contando es sólo una pequeña parte de todo lo que ocurre en esta novela. Una novela en la que los sucesos fantásticos e inverosímiles se suceden uno tras otro, pero el autor lo hace con tanta naturalidad que consigue que nos creamos todo lo que está sucediendo. Y nos presenta unos personajes tan extremos, que es imposible no dejarnos arrastrar por ellos. Porque son personajes que no se quedan en un término medio. Y cuando aman, aman sin control, con una pasión desmedida, sin importarles siquiera si las relaciones son incestuosas o no, sin importarles las consecuencias de nada.
Y se sucederán los acontecimientos. Y se sucederán los Buendía. Y no me ha importado tener que volver a veces la vista atrás para poder seguir bien el hilo de la historia. Porque la prosa de García Márquez es tan rica, tan brillante, tan llena de matices, que cada vez que vuelves a ella, descubres algo nuevo que te pasó desapercibido antes y que enriquecen aún más esta magnífica novela.


