"Una historia de pasión" es el subtítulo de esta novela de Unamuno. Y aunque la palabra "pasión" nos invite a pensar sobre todo en el amor, no es éste el tema central en este libro. Es otro tipo de sentimiento, un sentimiento que el propio autor considera "la íntima gangrena del alma española". Un sentimiento que el autor tuvo que sufrir en sus propias carnes: la envidia.
La envidia es un tema muy recurrente en la obra de Unamuno, pero en Abel Sánchez es su tema fundamental. No hay página en la que el protagonista no demuestre como la envidia le consume. Un sentimiento que hará que incluso llegue a odiar a su amigo de la infancia, que no le dejará vivir, que no permitirá pensar en ninguna otra cosa. La envidia, el odio, se convierte en su razón de ser. Una de las escenas que más sobrecogen es cuando es cuando Joaquín, el protagonista, convertido ya en un afamado médico, está a punto de dejar morir a su amigo, Abel. Se le pasa esa idea por la cabeza, y la piensa, y la medita... Y finalmente desiste de llevarla a cabo. ¿Por qué no lo deja morir al final? Porque sin su amigo, sin esa persona a quien envidia, a quien odia... ¿Qué sentido tendría su vida?
Son varias las perspectivas que nos ofrece la novela. Si por un lado tenemos un narrador gracias al cual conocemos a los personajes tal y como son, por otro, tenemos una estremecedora confesión que el propio Joaquín realiza para su hija. Para que ésta la lea cuando él haya ya muerto. Y si por las palabras de Joaquín, Abel se nos muestra como una persona que lo traicionó, porque le robó siempre los momentos de gloria, porque incluso le arrebató a la mujer que él amaba; por las palabras del narrador Abel se nos muestra como un hombre normal, que sólo ha tenido un poco de suerte en la vida. Que sabe caer simpático, que tiene cierto talento como artista y que prefiere quedarse con lo bueno que le ofrece la vida. En él no hay espacio para sentimientos negativos.
Si en el amor Joaquín no pudo triunfar, querrá hacerlo en su carrera. Pero su odio es tal, su envidia es tanta, que le impide concentrarse adecuadamente. En mientras, Abel va consagrándose como artista. Y esto sólo hace crecer su envidia.
Se casará Joaquín con Antonia, no por amor, sino buscando una forma de curarse, de desprenderse del defecto tan amargo que le está consumiendo. Y aunque llegará a quererla, no podrá el amor de Antonia curarle. Hay tanto odio en él que vence al amor. Incluso cree que la vida se pone en su contra cuando nace su hija. Y es que él quería un hijo, que perpetuara su nombre. Porque Abel, su amigo, su rival, si ha conseguido ese hijo.
Y sus hijos crecerán. Y la envidia de Joaquin también. Y logrará hacerse con el afecto de Abelín, el hijo de su amigo. Y conseguirá que éste se case con su hija. Y tendrá un nieto. Un nieto que se convertirá en otro razón más para odiar a Abel. Porque preferírá antes a su abuelo Abel, más cariñoso, más tierno, más despreocupado, que le regala sus dibujos...
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| Caín y Abel por Tiziano |
Y del final, como siempre, no voy a hablar. Que no me gusta arrebatarle esa sorpresa a nadie. Sólo adelanto que es un final muy simbólico, como simbólica es toda la novela. El mito cainita que tanto le gusta a Unamuno también hace aquí acto de presencia. No sólo hace referencia al mito bíblico, sino también a otro libro que no conocía, pero que intentaré buscar, el Caín de Lord Byron. Esta lectura afecta mucho al protagonista. Y a través de él Unamuno parece querer plasmar sus pensamientos sobre esta figura, sobre Caín. Hay como un intento de querer justificar su acción. Y es que Abel también tiene su parte de culpa. Caín no le hubiera matado si Abel no hubiera sido siempre el favorecido, al que todo le sale bien, el que siempre tiene el beneplácito de Dios. Y presume de ello.
Un libro muy recomendable, una revisión de la vieja historia de Caín y Abel, corta, pero intensa, y con una gran carga dramática. Un libro muy fácil de leer, que te seduce desde las primeras páginas y que no puedes soltarlo hasta acabarlo.
Foto: http://www.backtoclassics.com/images/pics/vecelliotiziano/vecelliotiziano_cainandabel.jpg