La pintora de estrellas,
Amelia Noguera,
Suma de Letras, 2015
Una historia sobre el exilio, la guerra,
la traición y el amor no correspondido. Un relato sobre el valor de
una mujer y la memoria de un hombre que necesita redimir su pasado.
En París encontraron un nuevo hogar...
En
1934 los jóvenes Diego, Elisa y Martín huyen de una España convulsa y
al borde de la Guerra Civil y se trasladan a Francia con sus familias
para comenzar una nueva vida. Allí Elisa logrará su gran ilusión, ser
pintora y formar parte del mágico ambiente de las galerías parisinas, lo
que, junto al amor incondicional de Diego, consigue hacer de ella una
mujer totalmente feliz. Sin embargo, cuando la sombra de la Segunda
Guerra Mundial aterriza en París, su idealismo y su pasión por el arte
pondrán en peligro su mundo.
...pero la traición y la barbarie fulminaron sus sueños
Setenta
años después, ya anciano, Diego no se resigna a morir sin conjurar los
fantasmas del pasado para que rindan cuenta de sus faltas y le
devuelvan la paz a su conciencia. Violeta, su nieta, embarazada y
huyendo de su marido, lo acompañará en un viaje a Asturias, la tierra
que un día abandonó y a la que nunca tuvo valor de regresar. Un viaje a
lo más hondo de su ser, de sus luces y sus sombras, que hará que
Violeta se replantee toda su vida.
Amelia Noguera construye una
novela lírica y envolvente que habla de la nostalgia, de la esperanza,
del dolor, del amor, del exilio y de la memoria en dos épocas
distintas, demostrando que las pasiones humanas sobreviven indemnes a
los años como pinceladas en un lienzo.
Amelia Noguera se está convirtiendo, por méritos propios, en una de mis autoras favoritas. Cada novela que leo de ella me gusta más que la anterior y ésta no ha sido la excepción. Y es que desde las primeras páginas me ha conquistado La pintora de estrellas y en ningún momento ha decaído, enganchándome de tal manera que pocos días ha durado este libro en mis manos. Y porque me resulta imposible leer varias horas seguidas, que si no...
Con dos historias nos encontramos en este libro. Una transcurre en el presente y la protagoniza Violeta, una joven que, embarazada, decide dejar un tiempo a su marido, quien la maltrata, para poder pensar con claridad. Para darse cuenta de que la culpa nunca la ha tenido ella, para darse cuenta de que el único culpable es él. Que así no se se ama...
Nunca se hace daño por amor.
Decide marcharse con la persona que la ha cuidado desde que ella era pequeña, su abuelo, Diego. Y con él viajará a Asturias, donde su abuelo tiene cosas pendientes. Donde su abuelo quiere ir para cerrar un capítulo importante en su vida.
La otra historia se desarrolla en el pasado. Y conoceremos a Diego de joven. Y a Elisa y Martin, dos personajes importantes en esta trama. Elisa es la joven de la que Diego está profundamente enamorado. Y parece que Martin también. Todos, junto a su familia, tendrán que abandonar España huyendo de la guerra civil y terminarán instalándose en París. Y será en esta ciudad donde Elisa podrá dedicarse plenamente a lo que más le gusta: la pintura. Y será en esta ciudad donde Diego y Elisa vivirán sus años más felices. Aunque Diego sabe que él está en un segundo plano. Que la pintura siempre será la obsesión de Elisa. Hasta tal punto que, cuando los nazis invadan Francia, llegará a arriesgar su vida por salvar las grandes obras pictóricas de manos alemanas. Y la traición llegará de quien menos lo esperaban. Por despecho, por celos, por envidia, por ¿amor?
Nunca se hace daño por amor.
Así, presente y pasado van alternándose en la novela, consiguiendo Amelia algo difícil. Que ambas tramas atrapen por igual. Nos da igual saltar de una historia a otra porque en ambas estamos deseando saber cómo continúan la vida de sus protagonistas.
La ambientación está muy lograda en ambas épocas. Con descripciones precisas, sin saturar, la autora consigue que nos sintamos tanto en Asturias como en París. Y es que, además, la prosa de Amelia brilla aquí de forma magistral. Es cuidada, sencilla, emotiva, lírica... Es un auténtico placer leerla.
Otro aspecto sobresaliente de esta novela son sus personajes, totalmente creíbles, muy reales. Personajes con los que es fácil simpatizar, a los que pronto sentimos cariño. No sólo destacan Diego y Violeta. Todos son perfilados con el mismo mimo, con el mismo detalle. Todos tienen importancia para el desarrollo de la trama. Todos tienen sus propias historias.
Y para una historia perfecta, un final también perfecto. Un desenlace que se nos va desvelando poco a poco y que hace que nos cueste soltar el libro hasta llegar al final. Un final al que nos da tristeza llegar, porque nos va a costar despedirnos de sus personajes.
En definitiva, una novela absolutamente recomendable, que atrapa desde las primeras páginas y que sabe mantener la tensión en todo momento. Sin duda, entre mis mejores lecturas del año.