Raymond Chandler
Traductor: José Luis López Muñoz
Editorial: Alianza
Año: 2001 (1939)
Publicada en 1939, EL SUEÑO ETERNO supuso la fulgurante irrupción de Raymond Chandler (1888-1959) en el ámbito de la novela negra. Tomando como modelo en muchos aspectos a Dashiell Hammett, principalmente en la concepción de esta clase de relatos como reflejo y crítica de una sociedad más que como propuesta de acertijo o enigma a resolver, Chandler inició con su apuesta por su detective Philip Marlowe, con su inconfundible sentido del humor, una de las vetas más ricas del género. En «El sueño eterno» -novela repleta de nervio y de ingeniosos diálogos- es un caso de chantaje el que lleva a Marlowe a asomarse a las alcantarillas de una sociedad en apariencia espléndida.
¿Por qué he tardado tanto en animarme a leer este libro? Esa es la pregunta que me ronda por la cabeza cuando termino su última página. También me detengo a pensar que tengo que hacerle hueco al resto de libros protagonizados por Marlowe.
Con una trama bien elaborada pero compleja, que necesita de todos nuestros sentidos cuando estamos leyendo, Chandler aprovecha para realizar una ácida crítica a la sociedad en la que le ha tocado vivir. Una sociedad en la que parece que la corrupción, la estafa, el engaño se han convertido en las notas dominantes.
- ... Quizá lo más curioso en este condenado negocio de la policía es comprobar cómo una anciana puede asomarse a una ventana, ver un individuo corriendo y reconocerlo en una rueda de identificación seis meses después, y cómo nosotros, en cambio, aunque mostremos a cualquier empleado de hostelería una fotografía nítida nunca llega a estar seguro.- Es uno de los requisitos para ser un buen empleado de hostelería -dije yo.
Una novela donde la acción no para en ningún momento, donde no hay descansos para el lector, a pesar de las abundantes y exhaustivas descripciones, que nos ayudan a meternos por completo en el ambiente en el que se desarrolla la historia. Ayuda también a su lectura los continuos y brillantes diálogos, que no tienen desperdicio alguno. No podemos perdernos ningún detalle en ellos, por el doble sentido que se le da a muchas cosas y porque en muchos de ellos están las claves para la resolución del caso.
Pero lo mejor de este libro es, sin lugar a dudas, su personaje principal, Marlowe. Por él solo esta novela merece ser leída. Su cinismo, su escepticismo está presente en todos los diálogos de la novela. Un tipo duro al que parece no importarle nada ni nadie, salvo él mismo. Pero bajo esa capa de dureza, bajo ese cinismo, se esconde un absoluto defensor de la justicia. Un hombre que no descansará hasta conocer la verdad, hasta llegar a los verdaderos culpables, hasta llegar al fondo del caso.
Un personaje al que nos gusta conocer. Y que nos deja con ganas de seguir conociéndole leyendo el resto de sus libros.- Hábleme de usted, señor Marlowe. Supongo que tengo derecho a preguntar.
- Por supuesto, pero no hay mucho que contar. Tengo treinta y tres años, fui a la universidad una temporada y todavía sé hablar inglés si alguien me lo pide, cosa que no sucede con mucha frecuencia en mi oficio. Trabajé en una ocasión como investigador para el señor Wilde, el fiscal del distrito. (..) Sigo soltero porque no me gustan las mujeres de los policías.
- Y cultiva una veta de cinismo ¿No le gustó trabajar para Wilde?
- Me despidieron. Por insubordinación. Consigo notas muy altas en materia de insubordinación, mi general.
Un clásico de este género que todo amante de la novela negra tiene que leer, sí o sí.Porque aquella era la habitación donde yo vivía. No tenía otra cosa que pudiera llamarse hogar. Allí estaba todo lo que era mío, todo lo que tenía alguna relación conmigo, todo lo que podía recibir el nombre de pasado, todo lo que podía hacer las veces de familia. No era mucho; unos cuantos libros, fotografías, radio, piezas de ajedrez, cartas viejas, cosas así. Nada. Pero tales como eran contenían todos mis recuerdos.
¿Qué más te daba dónde hubieras ido a dar con tus huesos una vez muerto? ¿Qué mas te daba si era un sucio sumidero o en un atorre de mármol o en la cima de una montaña? Estabas muerto, dormías el sueño eterno y esas cosas no te molestaban ya. Petróleo y agua te daban lo mismo que viento y aire. Dormías sencillamente el sueño eterno sin que te importara la manera cruel que tuviste de morir ni el que cayeras entre desechos.

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